La actual crísis, me obligó a emigrar y dejar de vivir en una ciudad de 5 millones de habitantes para empezar a vivir en un pueblo de 60, ubicado en la montaña asturiana..... Estas son las crónicas de mis aventuras y desventuras en la ruralidad.
BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....
Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.
jueves, 24 de julio de 2014
MIS CANCERBEROS
¡Querid@s vutarder@s!!!!!!!!!!!. Cuanto tiempo sin veros, lo cierto es que me da incluso algo de apuro no haberos explicado nada de esta prolongadísima ausencia. No tengo muchas ganas de entrar en detalles puesto que esto es un blog de humor y lo que me ha pasado no tiene ninguna gracia. Valga deciros, que he estado sumida en una larguísima y profunda depresión de la que aún trato de recuperarme, el porqué no viene a cuento, os iréis dando cuenta de que hay personajes de esta historia que han ido o bien desapareciendo o bien modificando su lugar en mi vida, igualmente os iré presentando a otros nuevos que se han ido incorporando y que siguen formando parte del surrealista cotidiano de este ave que os escribe y que de momento a pasado de ser un ejemplar de avutarda hembra y "adulto" (esto mismo tengo que repetírmelo a diario), de unos ciento diez kilos de peso a ser un hermoso y estilizado ejemplar de ochenta y pico, recordad vutarder@s, que aunque mi comportamiento en muchos casos pueda parecer senil, hablamos de kilos.
Para no desilusionaros, os diré que Madre sigue en activo y mejorando como los buenos vinos, que lo alienhija sigue llevando bráquets y ahora también cresta, pero no avutardil sino punki, que ya os iré poniendo al día de las diferentes modalidades, (la inglesa, la grunch, la escocesa.....), sigue hablando dialecto y sus gustos musicales han ido empeorando con la edad hasta el punto de que para exigirme la paga me amenaza con amenizarme con un grupo que ostenta el hermoso y lírico nombre de " Eyaculación postmortem". Cantan igual de bonito que el nombre. Además no he perdido la sana costumbre de tratar de redimir a los dependientes de ese sitio en el que afirman no ser tontos, las tiendas de bricolaje y lo cierto es que cada vez me llaman menos teleoperadoras llamadas Gladys para tratar de venderme una mejora en la tarifa, ya les he dejado claro que la única que me interesa es la que linda con Gibraltar. Además he de deciros, que a partir de este momento, ya no soy una avutarda entera, sí, gutarderines de mis entrañas, me han mutilado, expropiado, extirpado y/o despojado de mi vesícula. Todo empezó con unos cólicos biliares que me hacían adquirir un tinte amarillo y un piar muy distinto de mi tono de mezzosoprano y que me hacían confundir con el cursi de Piolín. Comprenderéis gutarder@s, mi encono a la par que mi vergüenza cuando los niños gilipollas de según que barriadas querían hacerse fotos conmigo y me preguntaban por Silvestre. - Ahí, al lado de esa vieja tan arrugada contra moño toda encorvada, es ese barrigón con bigotes, ¿no le ves bonito?. Ahhhhhh ¿Qué son tus papás?, vaya por dios.- Decía yo, fingiendo que me azoraba y tragándome un sándwich de mala leche. El caso es que han tardado diez meses, repito, diez meses en diagnosticarme y finalmente operarme de la puta bolsita de bilis, que como podréis comprender y con el carácter que tengo debía tener el tamaño y la capacidad de una bolsa de cáritas en los tiempos que corren. He de deciros, que durante estos diez meses, he recorrido todos los centros de urgencias denta kilómetros a la redonda, al principio iba sóla, pero como luego, la viperinidad de mi lengua quedaba mermada por los dolores, empecé a hacerme acompañar de algún que otro cancerbero, hasta ahora distingo tres modelos.
- El primero de ellos, es el modelo Al Caponini (es que es muy pequeño de tamaño, parece un llavero). Ya el atuendo decía mucho de él, se vestía con una cazadora de sky que llevaba con la misma dignidad que si fuera cuero de cabritilla iraní, que hay que tener muchos bemoles para ponerse eso y que no se te muevan ni las pestañas, lo acompañaba de un pantalón ceñidito que dejaba ver unas patitas como de grulla y que él lucía como si fueran las de Alberto Contador, un hombre sin complejos vaya. Este cancerbero, tiene la facultad de hablar muy bajito para decir las cosas más amenazadoras del mundo, por ejemplo, recuerdo el día en que tuvimos que entrar al centro de salud a las seis de la mañana. El se quedó aparcando el coche mientras yo en posición de alcayata y gimiendo, tras haber vomitado como si no hubiera mañana, me dirigía al mostrador aullando. - Tengo un cooooooooólicooooooo biliaaaaaaaaar!!!!!!!!!.- Cuando me introdujeron en la consulta y el enfermero se disponía a levantarme la manga para introducirme una intravenosa en el ala derecha, me di cuenta de que había dejado al mafioso en la puerta del centro de salud sin indicarle donde estaba el timbre, de modo que saqué el móvil, por miedo a que entrara en la sala de espera subido en Belinda, y me disponía a indicarle donde estaba el timbre de las pelotas. En ese momento, el enfermero, que debía estar soñando con Rafaela Carrá cuando irrumpí violentamente en la consulta, me dijo desabridamente. - A ver señora, si le duele mucho, le duele mucho, y si no estamos a jugar con el telefonito.- En ese momento entró Al Caponini en la consulta, y al verme los ojos arrasados en lágrimas dijo muy bajito y echándose la mano al bolsillo interno de la super cazadora. - A ver, caballero, si la avutarda dice que le duele mucho, es que le duele mucho, ¿estamos?. ¿O prefiere que le haga una oferta que no podrá rechazar?.- A mí, que le conozco, se me pusieron las plumas de gallina, que ya es ordinario en una avutarda, y al enfermero le empezaron a temblar las manos lo suficiente como para que yo le ofreciera un masaje antes de ponerme la intravenosa no fuera a ser que entre los temblores me hiciera un bypass. He de deciros, no obstante vutarder@s, que a este mafioso de peluche, le debo más de una noche en vela cuidándome, llevándome a urgencias y sujetándome el pelo para que no me lo manchara al vomitar, me quiere mucho y yo a él. El siguiente guardaespaldas es más bien como un compendio entre el muñeco de Michelín y Jack Nicholson en el resplandor, es una persona importante en mi vida, que hace poesía en la cocina, que cuida de su madre octogenaria y con alzheimer con un amor y un humor que conmueven a las piedras, tiene un perro que se parece a lo perrunu pero en rubio platino, pero no modelo Gunilla, no, tiene pinta de García y se llama Chuchu. Mi amigo al que llamaré Pínchipe Tig (ya os explicaré un día porqué), tiene los ojos como dos charcas, a menudo, si algo le respiga la piel, las charcas se le anegan, tiene dos sonrisas y se pone una de día y otra de noche, tiene camisetas de mil colores y ninguno discreto, es seguidor de un inspector chino que se llama Chen Chao, y como él, invita a sus ligues a un té que se llama pozo del dragón, hace los mejores bizcochos del mundo y tiene la voz más estentórea que he oído en mi vida. El Pínchipe Tig no conoce el término discreción, y como tenga algo que decir, ya puedes meterle en la boca un colchón de pikolín que no vas a conseguir silenciarlo. Este otro cancerbero ya me había acompañado en alguna ocasión sin mayores percances siempre que le permitieran estar conmigo al lado de la camilla mientras me inyectaban la morfina sintética que dejaba este cuerpo y este cerebro en estado de mayor estupefacción del habitual. Pero el día de la masacre, yo entré la primera como de costumbre mientras el acompañante de turno, en este caso el Pínchipe Tig, rellenaba toda la cuestión del papeleo. El enfermero ya apuntaba maneras de inseguro tirando a temblón, de estos que si no aplican la normativa a rajatabla o el papel continuo de la camilla se les arruga tienen que adoptar la postura mental del pensador de Rodin porque no se hallan. En el aire se mascaba la tragedia, haceos cargo vutarder@s, yo gimiendo y dándole vueltas a la cabeza (literalmente) con las alas en cruz que fue lo único que disuadió a la doctora de llamar a un exorcista, por lo demás sólo faltaba el tubular bells de Mike Olfield. En ese momento, El Pínchipe trató de entrar en la consulta, y el enfermero con el pelo teñido de rubio para disimular una calvicie incipiente, unas gafas rojas de diseño, gorrito de dibujos animados y zuecos con grafittis se precipitó sobre la inmensidad de Tig y empujándole con aquellas manitas de muñeco de famosa le incitó a abandonar la consulta. En ese momento me ordenó por cuarta vez con voz de pito que me relajara mientras yo le incitaba a sentarse desnudo sobre una chumbera y ha hacer lo propio. Mientras tanto, y para aumentar mi nivel de confianza me decía que cada vez que veía una aguja se ponía enfermo. Yo le preguntaba si no tenía algún primo apicultor que fuera alérgico a las abejas por aquello de que de casta le viene al galgo. En ese momento, Tig volvió a entrar en la consulta a petición de la doctora con todo mi historial médico que para entonces abultaba más o menos lo que la biblia. El enfermero histérico se abalanzó sobre los papeles como Gallardón sobre un matojo de ecografías y trató de arrebatárselos. Fue entonces cuando se desató la debacle. A Tig se le inyectaron los ojos en sangre, la vena del cuello empezó a adquirir dimensiones sobrenaturales (que muchos hombres quisieran esas capacidades para según qué venas), su cara adquirió un tinte purpúreo y rugió.- Haga el favor de quitarme las manos de encima. Commprendo que escrito así no impresiona tanto, pero haceos a la idea vutarder@s de mi alma que la botella de suero que tenía a mi lado empezó a hacer ondulaciones de las vibraciones sonoras al tiempo que los cristales de la consulta temblaban violentamente. El histérico trató de rebatir con voz muy débil y aflautada. Yo, yo, yo, yo no le he pp pp ppuepuesto las manos encima caballero.- No, las manos no, las garritas esas de reptil que tienes, como me vuelvas a tocar vamos a tener problemas.- Tig con un Chernóbil en cada ojo. Finalmente, la doctora que era la única que mantenía cierto grado de cordura, se percató de que no paraba de llorar y les conminó a que me tuvieran en cuenta, con lo que Tig abandonó la sala resoplando, y el histérico presa de violentos temblores se dispuso a ponerme la vía en el brazo para poder inyectarme la medicación. Supongo que serían los nervios, o más bien quiero pensarlo, porque si siempre procede así, lo del carnicero de Milwokee son mariconadas, me hizo una sangría en el brazo vutarder@s, que tuve que quitarme la camisa, cambiar la sábana de la camilla y él cambiarse de bata, yo lloraba de pánico mientras suplicaba que dejaran entrar al cancerbero y juraba que estaba vacunado de la rabia, de la triquinosis y de todo lo vacunable y que me comprometía a ponerle un bozar si era necesario. finalmente salí de allí con menos dolores y medio litro menos de sanggre. El siguiente episodio de cólico se produjo cuatro días más tarde, a la sazón la doctora que estaba de guardia era la misma que la del día anterior, el cancerbero de turno era lo moruno que está pasando las vacaciones aquí porque ahora vive en Bruselas, la doctora llamó a la enfermera en estos términos. - Puri, tenemos un problema.-m Os juro que para mí, por el tono en que lo dijo la enfermera debería haberse llamado Washington. Lo moruno que no me había visto nunca en cólico no paró de seguirla mientras la urgía diciéndole en voz cada vez más alta y amenazante. -¿Pero a qué espera, no ve que le duele mucho?. En fin vutarder@s, cuando salí de allí juraría que la doctora lloraba desconsoladamente, y no sé si tendrá relación o no, pero una semana más tarde estaba operada.
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