BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....

Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.



miércoles, 30 de julio de 2014

LAÍD MOBARAK?. PREGUNTEMOS EN GAZA.

Hola Vutarder@s, hoy no puedo escribir nada divertido. Ayer fue la fiesta del fin del Ramadán para todos los musulmanes y el día más espantoso de su vida para más de un centenar de madres palestinas. Se calcula que en la Franja de Gaza están muriendo más de una docena de niños al día. Ayer no pude terminar de comer, los gritos de dolor de l@s palestin@s a través de la pantalla de la televisión, me taladraron el cerebro, pensar que mi alienhija me podría ser arrebatada de forma tan absurda, tan crematística, tan aberrante, que lo único que me separa de esas madres y esos padres son kilómetros, no condiciones morales, no derechos humanos, no procedencias planetarias distintas.... sólo kilómetros, lenguas, religiones, pañuelos o pinzas para el pelo. Esas madres también acunaban a sus hijos y les cantaban canciones, también se preocuparon cuando tuvieron cólicos de gases, también les enseñaron a sumar en sus cocinas jugando con la fruta, también les prometieron el sol, también les dolieron las rodillas cuando sus hijos empezaron a andar y a despellejarse las suyas, también se tragaron la bilis cuando sus hijos llegaron llorando del cole porque les habían pegado o se burlaban de ellos. También se desesperaron con sus otitis, florecieron paciencia para contestar a miles de porqués, también se emocionaron cuando dejaron los pañales. También exhibían orgullosas sus primeros cuadernos. Si todo esto no fuera cierto, no los habrían parido, ninguna mujer está preparada para parir hijos que terminen con un cinturón de bombas en la cintura, y mucho menos para que una bomba los disemine cuando juegan en el parque. Yo no sé si hay mujeres que paren hijos para que teman a otros, para inculcarles el odio por un colectivo hasta el punto de deshumanizarlos, no sé si hay madres que eduquen en la antropofagia, en el delito de lesa humanidad y que además lo justifiquen, no sé cómo podría insuflarle a mi hija tantísimo miedo que la única salida que encontrara fuera la de ponerse al servicio de un sistema que asesina a docenas de niños por día. No sé como podría hacerle ver que los niños palestinos no juegan a las canicas, al escondite o al cascayu. Que también tienen miedo cuando sus mamás apagan la luz y también piden que se deje encendida la del pasillo. Ahora todos los niños de Gaza están sin luz. ¿Cómo explicar que las madres israelíes críen a los monstruos de debajo de la cama?. No puedo concebirlo, tener un hijo es continuarte, esperanzarte, superarte, querer ser más decente para los ojos redondos que te miran antes de cerrarse mientras lees un cuento. Luego además me pregunto. ¿Cómo conciliar esto?. ¿Cómo no ser víctima del pánico?. ¿Cómo salirme de esta complicidad espantosa de ser madre blanca y occidental?. Ayer en las noticias, justo después de lo de Gaza, comentaron la atrocidad cometida por un padre norteamericano al grabar a sus hijos esquivando un alud de nieve mientras escalaban el Mont Blanc, la noticia se ilustró con la opinión de médicos que explicaban la limitación de la capacidad pulmonar de los dos menores y la repulsa de la comunidad ante semejante exposición al riesgo de dos niños de nueve y once años. Dos niños norteamericanos. DOS, niños norteamericanos que siguen vivos, ocuparon casi el mismo espacio en el noticiario que el centenar de muertos en Gaza, el día del fin del Ramadán. Ayer recibí tres o cuatro notificaciones de Facebook que manifestaban la repulsa ante lo que está ocurriendo, me daba vergüenza compartirlas desde mi sofá, con mi hija arriba, en su habitación, viendo una serie. Cómoda, con luz, abrigada y segura. Me da vergüenza no salir desnuda a la calle y llenarme el cuerpo de ceniza para manifestar mi repulsa, me da vergüenza comer cordero y pastel de chocolate, me da vergüenza ser tan cobarde de estar escribiendo esto en pijama, desde mi cocina y con la única amenaza de que me bombardee mi conciencia.

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