BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....

Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.



lunes, 28 de julio de 2014

DARTH AVUTARDA.

Güenes vutarder@s, hoy tengo que contaros un episodio que demuestra que aparte de ser un ser muy especial, soy un ser muy espacial, como diría mi amiga Caústica. Sí vutarderos, resulta que esta casa que habito, podría perfectamente llamarse la estrella de la muerte, y lo perruno bien podría ser Chewaca. Resulta, que hace como unos tres meses, conocí al Pínchipe Tig junto con un par de amigos suyos que eran tan peculiares como cualquiera de los habitantes de este concejo. El caso es que la parte masculina de este dúo que a la sazón es una multitud en un sólo cuerpo, yo abundando más y citando a lo moruno diría que es un sólo cerebro repartido entre varias personas, en un principio se presentó como un ser luminoso procedente de una galaxia cercana poblada por una especie de ángeles con tupé que velan por el bien la humanidad y en este caso de la avutardidad. A mí, lo cierto es que me daba la impresión de que se deslizaba a unos diez centímetros sobre el nivel del suelo, pero como ya os dije ayer ya me estoy acostumbrando a la población flotante. Además de contarnos en numerosísimas ocasiones, que los sumerios ya habían inventado las pirámides con rampas para naves espaciales, que Jesucristo no se llamaba Jesús en realidad, sino un nombre secreto que sólo él y los otros once apóstoles conocen (su identidad como apóstol creo que empezaba por J y acababa por S), como os decía, además de estos temas de conversación tan serios y poco hilarantes, de vez en cuando hacía gala de un barniz de cultura medianamente aceptable, aunque se le notaban ciertas lagunas. La verdad es que a mí me parecía que no era mala persona, algo torpe y un poquito inadaptado, pero no más que cualquier marginal incomprendido, y claro, con tantas personalidades y vidas juntas pues tampoco le podía pedir peras al olmo. El caso vutarder@s, es que a mí me despistaba un poco en cuanto a su relación conmigo, tan pronto me pedía consejo sentimental o me hacía confidencias íntimas, como se revelaba como un ser hosco e impenetrable, pero claro, yo lo atribuía a la multitud que lo habitaba, pongo por caso, un día podía estar tratando con Torrebruno y al día siguiente con Ángel Matanzo. Por ejemplo, después de haber cenado en mi casa en numerosas ocasiones, con amigas mías, tocar mi guitarra e incluso deleitarnos con la personalidad de Vicente Díaz rural, un día me hallaba yo de visita en su casa. Estábamos en la huerta aprovechando que hacía una tarde estupenda, y al lado de la mesa, descansaba la funda de su guitarra completamente cerrada.- ¡Huy!, ¿me dejas ver tu guitarra?.- Comprenderéis vutarder@s que no todos los días se tiene la oportunidad de tener en las manos la guitarra de Elvis redivivo, con lo que los ojillos me chispeaban de emoción y las plumas se me disparaban ansiosas hacia el instrumento, (el musical digo).- Se reveló de pronto la personalidad de Torquemada y me dijo muy serio y fulminándome con la mirada.- Lo siento mucho avutarda, pero yo mi guitarra no se la presto absolutamente a nadie, comprende que es mi instrumento de trabajo.- Eso será cuando seas Elvis, en este momento tus instrumentos de trabajo son una pila de madera, una tea encendida y una avutarda acusada de herejía.- Pensé para mis adentros.- Se me empezó a curvar el pico hacia abajo y los ojos me echaban chispas al tiempo que me salía humo de las orejas. Tan evidende debió de ser mi reacción, que Él Pínchipe, que lo presenciaba todo con una copa de aguardiente en la manos y cinco o seis en su sistema sanguíneo hizo algún tipo de observación parecida a esto.- No, mujer, no te enfades, si no te habla en serio. ¿Verdad que no le estás diciendo a la Avutarda que te ha dejado su guitarra en numerosas ocasiones que tú no tienes intención de prestarle la tuya?.- Hummmm, no, no, claro que no.- Dijo Torquemada ante la evidencia de quedar como un rácano caprichoso y pedante. Me tendió la funda m. Euy a su pesar y yo la abrí con cierta condescendencia porque lo cierto es que a estas alturas ya no me apetecía nada, fuera la de Elvis redivivo o la de Raimundo Amador redimuerto. Cuando abrí el estuche, casi perezco de la impresión. La guitarra en cuestión era de pino malo, lacada en negro, con un mástil sin ébano, una resonancia más bien mortecina y para colmo tenía atornillada a la caja, un águila de metal plateada que aunque era monocéfala se parecía peligrosamente a la otra. En fín vutarder@s, hay dos horteradas por definición en la historia de la humanidad, el baile del pañuelo de Leonardo Dantés y la guitarra que abrí aquella tarde. quedé muda de la impresión mientras el múltiple, se deshacía en explicaciones de todo tipo para contarme los parabienes de su instrumento, (pienso que se refería al musical, pero no lo tengo muy claro). Con toda la educación de que fui capaz le pregunté cuanto costaba la joya que sostenía entre mis manos, y tras decírmelo, le aseguré que no se preocupara, que en caso de que se me cayera y se esmigayara contra un peñasco, o se prendiera fuego con mi cigarro, yo estaba dispuesta a pagarle el importe por triplicado, esto se lo dije con la intención de que concibiera alguna esperanza de poder tocar en algún momento una guitarra tan digna por lo menos como la de Rodolfo Chiquilicuatre, pero creo que no lo entendió. Este tipo de cambios de personalidad se siguieron sucediendo, hasta el momento en que un día y tras una cena en mi casa, le poseyó la de Jesús Gil y se puso a llamarnos exaltados al Pínchipe y a mí y a asegurarnos que éramos la vergüenza y el oprobio del concejo entero en la opinión de muchísima gente. Yo llegué a la conclusión de que la cantidad de gente a la que se refería era la que habita dentro de su cuerpo serrano, pero al Pínchipe le dolió porque se suponía que eran amigos. Ese día me encargué yo de llevar al Pínchipe a casa porque entendía que no le apetecía nada que el señor Gil le hiciera el favor de llevarle. El caso es que por el camino, los dos íbamos comentando la posibilidad de que al día siguiente, la personalidad de Gil se hubiera esfumado y volviera a un grado relativo de normalidad. Con esa esperanza nos despedimos. Cual no sería nuestro asombr reco, cuando al día siguiente, Tig recibió un mensaje en su móvil que venía a prevenirle, sobre un ser oscuro e ilustrado que se había infiltrado en nuestras vidas con ocultas intenciones, cuyo único deseo era el de recabar información acerca de sus azañas para utilizarla con fines poco claros, que estaba al servicio del lado oscuro de la fuerza y que apelara a la ayuda de Obi Huan Kenobi. Tardamos un ratito en darnos cuenta de que hablaba de... Darth Avutarda.

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