BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....

Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.



sábado, 26 de julio de 2014

BALANDREEEEEEEE

Güenes gutarderin@s de mis entrañas, después de mucho pensar, he terminado decidiéndome por contaros un episodio del que yo no tuve una gran consciencia pero que me relataron estas navidades entre Madre y Borrasca, la verdad, es que de todo lo que me ha acontecido en el último año, quizás lo que más lamento haberme perdido en la neblina del Alprazolán, haya sido este episodio, que creo que de haberlo vivido, me habría sacado de la depresión o me hubiera hundido en ella para siempre. Resulta que debido a múltiples y diversos avatares, fui víctima de una intoxicación medicamentosa que me tuvo fuera de combate y de consciencia más o menos unos cinco días. Como es natural, Madre y Borrasca se tuvieron que trasladar de urgencias hasta aquí para hacerse cargo del despojo de avutarda en el que yo me había convertido. El caso, es que después de estar en el Hospital unos cuantos días, finalmente me dieron el alta. Yo no soy capaz de recordar ni la habitación del hospital, ni el alta ni absolutamente nada que no tuviera lugar hasta quince días después, pero por lo que me cuentan, me subieron al coche de borrasca con media lengua fuera, babeando y dejando a Robert de Niro en Despertares a la altura del Premio Nóbel de la rapidez mental. A la sazón, tenían que administrarme un medicamento que hacía de antídoto para lo que me había intoxicado, como era una medicación fuerte y poco común, la receta tenía que sellarla el inspector médico de la zona en la que habito, de modo que Borrasca muy animada por los balbuceos incoherentes que le iba canturreando yo desde la parte de atrás, y procurando no tomar las curvas muy bruscamente no fuese a ser que me estampara la cresta contra uno de los cristales (tal era la virulencia de mi balanceo), se puso rumbo a Nava que es donde se encuentra el centro de salud que me corresponde. Lo cierto es que ella sabía bien como llegar a la población pero no tenía ni la más remota idea de cómo llegar al ambulatorio, por lo que empezó a pedirme indicaciones en un tono muy alto y hablándome muy despacio. Creo que lo más inteligible que lograron extraer de mi persona fue una onomatopeya que decía algo así como. - Balandre, balandre, balandreeeeeeeeee. A pesar de la experiencia que tanto Madre como mi hermana tienen con homos Ebrius, (creo que ya os he comentado en alguna ocasión que conviví trece años con uno), no eran capaces de traducir algo tan obvio, menos mal que a pesar del puré de guisantes que me invadía el cerebro, mi intelecto preclaro me alcanzó para extender el ala derecha hacia delante y apuntando con la pluma índice al frente volvía a decir.- Balandreeeeeeeeeeeeeee.- Creo que quiere decir para adelante Borrasca.- Sí, o eso o está imitando a Colón. No sé vutarder@s de mis entretelas como lograrían llegar al ambulatorio, porque con mis indicaciones lo mismo podríamos haber llegado a Finisterre. El caso es que Madre y Borrasca decidieron dejarme en el coche canturreando y babeando mientras ellas iban a que el inspector médico les sellara las recetas. Al salir del ambulatorio, Borrasca se apercibió de que no llevaba puestas las gafas que usa para conducir, de modo que volvió a entrar al consultorio para preguntar por ellas, después de buscar en los lavabos, en la consulta, en el mostrador de recepción y en los asientos de la sala de espera no encontraron nada de modo que ya algo nerviosa salió al coche y se puso a buscar en la guantera, en los bolsillos laterales, debajo de Belinda, entre los asientos, nada, ni rastro de las lentes. Resulta que Borrasca tiene una amiga que es enfermera en el Hospital en el que me habían ingresado y que estuvo pendiente de mí todo el tiempo que duró mi estancia, de modo que la llamó y espero pacientemente mientras su amiga hacía las pesquisas pertinentes para terminar diciéndole que las gafas tampoco estaban allí. Volvieron a entrar al centro de salud, registraron a todo el personal sanitario mientras Borrasca ensanchaba peligrosamente las aletas de la nariz que es síntoma inequívoco de que está a punto de sufrir un esparaván. Como no aparecían, mi hermana abrió la boca como Rosauro y rompió a llorar mientras se mesaba los cabellos y ponía lo que madre ha dado en denominar "Las caras de Vélmez" por el miedo que dan. Decía llorando a moco tendido que esas gafas costaban 150 euros, y yo decía algo así como. Vendiruaaaa gosina gosdan uleugo nel sinsin dalelu, de las debaleyo.- Que traducido al lenguaje de avutarda sobria quería decir, mentira cochina, costaron un euro en el tercer par del tchin tchin de Afelelou, que te las regalé yo. Madre buscaba desesperada las gafas, un cura o un bozal y Borrasca era presa de violentos espasmos musculares y juraba que ella no podía conducir, que a ver como salían de allí si ella no lo conocía y yo no era capaz de articular sonido inteligible y que además no veía..... Finalmente Madre tomó las riendas del asunto y amenazó con ponerse ella al volante y sacar la teta izquierda por la ventanilla si Borrasca no se calmaba, lo que surtió un inmediato efecto puesto que ambas hermanas sabemos de lo que es capaz Madre. De modo que dejando que todos los caracoles nos adelantaran, con mi hermana llorando sin parar y yo dando ánimos balannnndreeeeeeeee, llegamos al fin a la puerta de casa. Salió lo alienhija a recibirnos con mis gafas en la mano, muy preocupada puesto que sabe que sin ellas soy mucho más minusválida de lo habitual, y como se me había llevado una ambulancia nadie se acordó de ponérmelas. En esto le dice Borrasca sorbiéndose el moco. No, si las gafas de tu madre las lleva puestas, las que se han perdido son las mías.- Y volvía a aullar de dolor intrínseco. Mi hija insistía en que las gafas que ella tenía en la mano eran las mías. -Que no, decía Borrasca muy desconcertada, ¿no ves que tu madre lleva las gafas puestas?.- En esto Madre recuperó la cordura y hablándole a Borrasca muy despacio le dijo.- Hija mía de mis entretelas y para mi vergüenza y oprobio. ¿Quién le ha puesto las gafas a tu hermana?.- Yo, en el hospital, con las zapatillas, que para el caso le podía haber puesto las segundas en los ojos y las primeras en las patas.- Bien, si las gafas de tu hermana las tiene lo alienhija en la mano y tú no encuentras las tuyas..... - Al decir esto movía las plumas índice y pulgar delante del pico de Borrasca que aún así no ataba cabos. Tuvo que ser lo alienhija quien después de llamarla gilipollas le hiciera entender que las gafas que yo llevaba puestas desde que salimos de Oviedo eran las de mi hermana. Maravillaos Vutarder@s de mis poderes sobrenaturales, que con un melocotón en almmíbar por la medicación y unas gafas que para el caso podían haber sido de madera, todavía me quedaba sesera para poder indicar.- Balaaaaaannnnnndreeeeeeeeeee.

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