BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....

Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.



miércoles, 13 de febrero de 2013

VERDI CLARÍN

Ayyyyyyyyyy fiyinos de mio almaaaaaaa, toy matada. Non puedo con la cresta gutarder@s de mis vidas, en este momento procedo de la cocina, huyendo despavorida porque están lo alienhija y su profesora de física y química dando clase. La profesora es una amiga mía que le da clases a lo alienhija bai de feis, que quiere decir grátis en el planeta de lo alienhija. Yo ya le vislumbraba dotes de hechicera, a mi amiga digo, pero es que cuando se ponen a hablar de vectores, de cosenos, fuerza de rozamientos etc, a mí me da por pensar en sujetadores de esos que se les salen las varillas y te van amargando el día porque te pinchan el seno, el coseno y la tangente. En fín que me suena a brujería y como no puedo evitar empezar a elucubrar, me he autoechado por el bien de nuestra amistad y mi relación materno-filial. Pues como os decía, estoy derrengada, es que no os he contado que en estos lares viven algunos personajes famosos, y entre ellos se encuentran mis vecinos. Son los tres cerditos. Síiiii, como lo oís, pero no esos hermanos que hicieron tres casas y el lobo sopló y sopló..... Esos en realidad eran los tres ositos, lo que pasa es que como toda leyenda, con el paso del tiempo se desvirtúa. En fín, estos son los tres cerditos del cuento de ricitos de oro. Son papá cerdito, mamá cerdita y el hijito. El hijito a la sazón va a cumplir cuarenta y tres años, pero a fuerza de hacer representaciones del cuento se ha quedado con el tamaño de papá oso y edad mental de Ricitos de Oro. Haciendo gala de su género y especie, viven en una cochiquera muy apañada, con friso de plástico cubriendo las paredes y muebles de fórnica (aquí llaman así a la formica). Según entras en su casa, hay una especie de neblina verde, muy agresiva que te ataca directamente a la pituitárea y que te va embotando los sentidos hasta el punto de que te da vueltas la cabeza. Bueno, pues resulta que estos peculiares vecinos, tienen un problema parecido al mío con MediaMarkt, pero a ellos les pasa con los médicos, hablan idiomas distintos, con lo que les estoy haciendo las labores de intérprete. El médico de la zona me está muy agradecido y ya no me pone banderillas cada vez que voy a la consuta, dice que es mejor que nos hagamos amiguitos. Por ejemplo, el otro día, fuí con Mamá C. y Papá C. a la consulta, porque a él le dolían las chuletillas y se lo explicaba así al facultativo. - Mire dotor, yo es que levántome de la cama, y al mover esti llaconín siento unes fatigues y unes punzaes que talmente paez que me ten matando. - ¿Se siente vd entumecido?. - No, yo siéntome normal, con les pates colgando y la cabeza pa arriba. - Quiero decir que si se nota anquilosado. - Non, la mi casa ye endependiente, los adosaos tan en la Fresnera.- Entonces el médico me mira suplicante y yo intervengo a grito pelado y muy despacito. - Que dice el dotor, que si notes la espalda encogía. - Ahhhh, pues algo sí, cuando me levanto de la cama y muevo el llaconín. - El llaconín es el brazo izquierdo doctor. - Bueno pues entonces pase a la camilla que le voy a auscultar. Desnúdese de cintura para arriba. - ¡Nooooooooo!.- Le digo al médico presa de pánico.- No emplee por dios ese verbo, que los gochinos no tienen cintura.- Demasiado tarde, cuando volvemos a mirar, los pantalones están en el suelo, la camiseta de tirantes, la camisa de franela, el jersey de lana y el chaleco, están enrollados en torno al cuello amenazando con ahogar al paciente y el médico se da aire con un recetario. El paciente está en medio de la sala y no puede dirigirse a la camilla porque los pantalones se le enredan en los tobillos con lo que cuelga sus 108 kg en canal del brazo del médico, que hace esfuerzos por mantener su extremidad unida al cuerpo. - Déjelo, no hace falta que vaya hasta la camilla, ya le ausculto aquí.- Tras la exploración y el tortuoso procedimiento de cubrir sus rosadas carnes, el médico le dice.- Te voy a recetar un anti inflamatorio para los dolores, tomas dos al día cada doce horas. - Eso ye una al día. - No, cada doce horas son dos al día. - Non, ye una, cada día tien doce hores, conteles yo esti día, de les doce a les seis van seis hores, y de les seis a les doce van otres seis, antós si les cuenten sálente doce. ¿Me sigue usté?. - Pues la verdad es que no.- El médico de nuevo me mira con los ojos llenos de lágrimas. - Que dice el dotor que tienes que tomar una col desyunu y otra con la cena. - Ahhh, sí entendilu, pero antós, les otres pastilles que tomo col café ¿déjoles?. - ¿Qué pastilles?. - Les coloraes. - Pues es que no sé qué pastilles son les coloraes. - Eses que me mandó el especialista. -¿Qué especialista?. - El de la capital.- Yo, le hago señas al médico de que no vaya hacia la luz y saco un cuadernito en el que apunto todo lo que toman. - Son las de la próstata. - Ah, no, no las deje, se las toma todas. - ¿toes xuntes?. ¿Les coloraes y estes?. - Sí, los principios activos no interactúan, puede tomarlas juntas. - Güeno antós recéteme siete cajes de cada. -¡Pero hombre de dios! Eso es una barbaridad, ¿para qué quiere tantas pastillas?. - Coño, si tengo que tomar una caja al día, non voy a venir hasta la semana que vien, sálenme siete cajes de cada una. ¿Tien usté poblemes con les sumes?. - ¿Pero quien le ha dicho que tiene que tomar una caja de cada?. - Usté, dijo que les tomara toes xuntes. - Déjalo anda, que ya te lo apunto yo cuando lleguemos a casa. - Güeno, pero púntesmelo ena caja, la cantidá y la hora y tou.- En ese momento, su mujer se hace sitio a codazo limpio y empujando a su marido se sienta en la silla, frente al galeno. - Dotor, mire, es que tengo algo de tos y acuérdome del añu pasau que mandome usté un jarabe muy güenu, que valióme munchu. - Un jarabe para la tos, uhmm, ¿Y cómo se llama? - Yo Llámome Francisca. - No, usted no, el jarabe. - Ahhhh qué se yo como se llama, ye unu verdi clarín, muy güenu. - Pero Francisca, es que yo con esos datos no sé de qué jarabe me habla. - Sí home, un que ye verdi clarín, non ye ni muy espesu ni muy líquidu, sabe como a regaliz y ye pa la tos. Mandómelo usté ¿No se acuerda?. - Pues no, no me acuerdo, como sólo tengo setecientos pacientes, pues diga usted que tengo mala memoria, pero no soy capaz de acordarme. Voy a mirar en su historial a ver. - Güeno, pregunte usté al aparatu esi. - Ah, sí, mire aquí está, un jarabe para la tos del año pasado. - Ya, pero yo quiero el que ye verdi clarín que sabe a regaliz, porque otru día dióme unu blancu gordu gordu que paecía gomitau y sabía a anís y non me gustó. - Mire Francisca, yo le doy la receta de este, y si en la farmacia le dicen que no es verde claro, pues viene usted otra vez y yo se lo cambio. - Y que sepa a regaliz ehhhh?. -Sí, sí, a regaliz o a cianuro.- Me pareció oír farfullar al pobre médico que a estas alturas sí que tenía la tez verde musgo.

1 comentario:

  1. No tiene desperdicio, es genial absolutamente. Tu labor de traductora la cumples a la perfección, peculiares tus amigos, bueno como todo lo que te rodea.
    Enhorabuena por la crónica, divertidísima.
    Obm.

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