BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....

Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.



jueves, 24 de febrero de 2011

PANDEMIA

Hola vutarder@s, he de deciros, que hoy no estoy de humor para escribir mi crónica en el tono de siempre, frívolo y divertido, a fin de cuentas no deja de ser mi válvula de escape para hacer frente a una vida y una cotidianeidad que en algunos momentos me sobrepasaría si no la acometiera con ingentes dosis de humor. Pero hoy, ya no puedo seguir frivolizando sobre mis pequeñas miserias, he comenzado el día con las imágenes de unos pilotos libios que han sido fusilados por negarse a bombardear a la población civil. Todos sabéis los profundos lazos de cariño que me unen a Marruecos. He de deciros, por tanto, que pasé un domingo y un lunes ciertamente angustiosos contemplando desde mi sillita de Ikea como mis amigos, mi familia, mis hermanos, se lanzaban a la calle para exigir a gritos unos derechos que a mi me fueron dados desde la cuna. No justifico en modo alguno ninguna expresión de violencia, pero confieso que a veces sí que la entiendo. Sí entiendo a esos jóvenes que desde el terremoto de Alhucemas (Febrero del 2004), siguen esperando del gobierno de turno el reparto de la ayuda prometida para levantar sus casas y las de sus familias. Comprendo la desesperación de esas viudas que han perdido a sus maridos y que no tienen una pensión que las ayude a sobrellevar su pena y sus cargas. La frustración de esos padres que tienen que pagar ingentes sumas de dinero para que sus hijos sean atendidos en clínicas privadas porque los hospitales públicos parecen decorados de posguerra. La incertidumbre y la angustia de aquellos que no pueden comprar carne al módico precio de 7 euros el kilo en un país donde el salario medio es de 200 euros mensuales. La humillación de esos peatones a los que se abofetea en la vía pública por el mero hecho de no llevar encima su documentación para enseñársela al agente de la autoridad que se la exige por  ir paseando por la calle. Comprendo, aunque no justifico, que la violencia es el último recurso de esas gentes que no pueden acceder a una formación mínima. Me apena profundamente ver como ese pueblo que siempre me ha respetado, apoyado y querido, se desangra de esperanzas con el paso de los años. Todo esto me produce dolor y rabia, pero hay un sentimiento que llevo todavía peor. La vergüenza de ver como mis dirigentes y representantes públicos, asisten a este espectáculo como se asistía en la edad media a las ejecuciones públicas. No entiendo el mutismo de Europa ante la rebelión de unos pueblos cuyas dictaduras hemos tolerado, ignorado y en muchos casos financiado y sostenido desde Occidente en pro de una buena relación con el sionismo. ¿De qué tenemos miedo?. A veces oímos decir, que de un resurgir del fundamentalismo islámico, pero no nos damos cuenta de que las personas que integran estas revueltas son jóvenes con aspiraciones de democracia y libertad, jóvenes que están hartos de tener que venir a malvivir a nuestros países. Cuando digo malvivir no me refiero sólo a lo económico, también a lo cultural, lo afectivo, lo moral.Otra de las penosas  excusas que esgrimen es la del masivo éxodo de refugiados que este tipo de conflictos produce, como si las dictaduras fueran regímenes de lo más acogedores y confortables para sus ciudadanos, que deben emigrar por deporte. El que no ha visto llorar a su compañero ante la muerte de sus amigos, o sus familiares a miles de kilómetros de distancia, el que no ha compartido su rabia, su impotencia, su nostalgia, su alegría los veranos que puede viajar, quizá no pueda entender hasta qué punto propiciamos la amputación de una parte vital del alma de esta gente que tiene que dejarlo todo atrás para poder obtener un salario más o menos digno por su trabajo, para poder respirar unas cotas de libertad mínimamente aceptables. Cosas ambas, que nosotros deglutimos sin saborearlas.
No he estado jamás en Libia, ni en Egipto, ni en Túnez ni en Argelia, tampoco en Palestina, sin embargo y afortunadamente, una parte de mí se siente ciudadana de todos ellos.
En los medios de comunicación se habla de contagio en las revueltas, de que se extienden como regueros de pólvora, pienso que es un feliz aunque costoso contagio. Lo que deberíamos combatir es la pandemia de pasividad que nos asola a nosotros, los que como yo, asistimos al espectáculo como ciudadanos romanos en el circo, sólo que en vez de hacerlo desde el Panteón, lo hacemos desde nuestras sillitas de Ikea.

4 comentarios:

  1. Que razóm teniendo Vutarda. Al fin todos somos aves incubando nuestro nido, no te mueves de él, no importa si otro nido vecino necesita calor por el motivo que sea, tú a tu nidito. Aqui cada cual a lo suyo, no vaya a ser siendo que le dé un poco de calor al otro y luego me coma el trigo. Luego hay otras aves,las carroñeras, las que esperan pacientemente la muerte del otro, ellas no matan, esperan y luego...Besu amiga

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  2. Me soliradizo plenamente contigo; este mundo, en que nos ha tocado vivir, solo piensa en sí mismo,pero, espero que mas bien temprano que tarde, nos demos cuenta de que somos ciudadanos del mundo y todo cuanto acontece en él nos afecta.

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  3. Hola maja,
    este es el tercer intento de publicar mi comentario.
    Estoy totalmente de acuerdo contigo y me parece que lo expones estupenda y claramente.
    Ya sólo falta que los que ven la tele desde su silla Grôgnakjrôniä, ayuden a los inmigrantes a conocer nuestras costumbres,hábitos,sistemas de trabajo,y viceversa, y los integren felizmente en sus vidas,siempre que haya cooperación por ambas partes.
    Después de vivir 3 años en el Cairo, sólo puedo decir que no sabemos la tremenda suerte que tenemos de que el azar( y no méritos propios)nos haga nacer aquí o allí.
    Nos queda muuuucho que aprender...

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  4. Muy buena crónica, realista y solidaria. Lo único bueno de la crisis es que los pobres, cnvencidos al fin de que no pueden perder nada más, han decidido salir a la calle y demostrar al mundo que un pueblo sin miedo es capaz de conseguir muchas cosas, la libertad, por ejemplo.

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