BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....

Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.



sábado, 26 de febrero de 2011

BUSQUÉ Y BUSQUÉ PERO NO TE ENCONTRÉ.

Querid@s vutarder@s, hoy he tenido, en contra de mi costumbre y de la de mi familia, un sábado de lo más tranquilo, lo más emocionante que me ha pasado es que me he encontrado con Míster Marshall en mi portal cogiéndonos señal wifi bajo la lluvia. Bueno, más bien debería decir entre el agua porque hoy estamos metidos dentro de una nube, lo digo literalmente, estamos envueltos en una niebla que parece puré de guisantes de espesa que es. Además no es que llueva propiamente, es que por dentro de la nube hay millones de gotitas de agua que pululan a su libre albedrío y mojan por todas partes, quiero decir que no es que caigan del cielo, que entonces sólo mojarían de arriba, no, es que te envuelven. La verdad es que a Mister Marshall lo he reconocido por la voz, si no, a lo mejor me creo que es el rododendro y lo abono. De hecho, ahora que lo pienso, debo asegurarme de que lo que he abonado sea el rododendro......
Bueno, como os decía he tenido un sábado de lo más tranquilo, acordándome de la abuela María, esto es porque mi hermana Borrasca, que ya os he comentado que es actriz y cuentacuentos, tuvo ayer una actuación en la que contaba precisamente anécdotas de la abuela, y como el archivo familiar y culinario obran en mi portentoso cerebro, pasé el día entero aportándole datos y corrigiendo pequeñas cosillas. Esta mañana me ha llamado para contarme qué tal le fué y me ha encantado escuchar que el público se emocionó con las entrañables peripecias de esta sioux asturcona, así que he pensado que os voy a deleitar con otra degustación de sus talentos.
La abuela tuvo cuatro hijos, dos fembres y dos varones, como diría ella. La mayor era Güelita, seguida  de su hermana Argentina, después Manolo (el que recibía las cartas alarmantes) y el pequeño, José. Pues bien, Argentina murió en el parto de su hijo Ignacio, quedando este a cuidado de la abuela, que lo crió más o menos como Baloo y Bagheera criaron a Mowgli. Tendría Ignacio, a la sazón unos catorce años y mi madre quince, la abuela había prometido llevarles de romería a las fiestas del Cármen de Torazu que por la noche ponían verbena. La abuela, que era un dechado de ingenio, preparaba unas rosquillas de anís, unos cucuruchos de avellanas y unas pipas para venderlos en la fiesta y procurarse así su sustento de anís, coñac, chocolate y picadura, así que hacia las siete de la tarde, se cambiaba el mandil, se calzaba les madreñes y emprendía con sus nietos la travesía de cinco kilómetros que les separaban de Torazu. Mi madre quería ir por la carretera con la esperanza de que algún coche les parara y les acercara, pero la abuela estaba resentida. Tenía razones para ello, una vez que se disponía a ir a Santa Olaya a vender unas zapatillas de fieltro, la paró el camión de la leche y la subieron atrás con los bidones. El conductor, que era un guasón le dijo.
- María, esti camín ta llenu curves y como usté va atrás y fai pesu, el furgón descabálase y podemos volcar, así que cuando yo la avise de que hay curva a la derecha, usté se tira a la izquierda faciendo fuerza pa equilibrar.
-Güeno majo, pero avisa con tiempu.- De modo, que ahí tenéis a la abuela entre bidón y bidón, dando saltos como el pequeño saltamontes de un lado a otro del furgón gritando.
- ¿Ta bien asina o fago más fuerces?. A ver si ahora de empujar caemos pel otru llau.
- Usté empuje fuerte María que si no, nos volcamos.
- Cago na puta que parió a les putes curves, tan dejándome los güesos como fariña pa tortu. Ridiós. Mozu, ¿faltan munches curves?.
- No, ya queden poques María, tenga paciencia y empuje.
- Si ya empujo, coño, pero de tanto facer fuerces tan dándome ganes de dir de vientre.- Cuando se bajó la pobre, vió a aquel paisano congestionado de risa que la dejó allí plantada. Allí se quedó jurando en arameo y prometiendo hacerle vudú.
Como os decía, la abuela estaba algo resentida con los conductores y prefería ir por el bosque, esto es, atravesar tres kilómetros de vegetación tupida, cruzar varios arroyos y subir y bajar cuestas como Perico Delgado. Como por el camino le entraba hambre, se iba comiendo las rosquillas y las avellanas dando chupitos de la petaca. Cuando llegaron a la romería, a la abuela le quedaban cuatro o cinco cucuruchos y tres rosquillas peladas, pero ella impasible se colocó en una esquinita bien iluminada a tratar de venderlas. Los nietos se fueron por ahí con los amigos, a bailar y a mirar otros puestos. Al cabo de unas horas, la abuela empezó a echar de menos a Ignacio, se puso a preguntar a los otros críos, pero nadie sabía darle razón de su nieto. Cuando consideró que la inquietud ya era insoportable, se subió al escenario, agarró el micrófono de la orquesta y se puso a gritar a voz en cuello.
- Iiiiiiiiinaaaaaaaaaaciooooooooooooo.  Ven pacá que to probe güela ye muy vieya y vas matala dun disgustuuuuuuu. Inaaaaaaaaciiiiiiiioooooooooooo. Ooooooooondeeeeeeee taaaaaaasssss Iiiiiinaaaaaaciooooooo. Sali cabróooooooooooooon que voy rompete la crismaaaaaaaa. -
Pasaban los minutos e Ignacio no aparecía por ningún sitio, ante la consternación de la abuela, el estupor de los músicos de la orquesta y la vergüenza ajena del resto de nietos y de la propia Güelita, hija de la abuela que no sabía donde meterse viendo a su madre con aquel moño amarillo, el mandil negro, las madreñes y los restos de las rosquillas que lloraba desconsolada y se sonaba los mocos con la manga. En este punto, el director de la orquesta, que debía ser familia del lechero, por lo de la guasa digo, se puso a cantar la canción de Alin, cuyo estribillo decía algo así como....
Chunda chunda, taratachunda.- Busqué y busqué y no te encontréeeeeeeee.- Tachín tachín.
La abuela lo miraba con los ojos inyectados en sangre y de nuevo volvía a subirse al escenario, le arrancaba el micrófono y entre el chunda chunda volvía a la carga.
- Iiiiiiiiiiinaaaaaaaaaciiiiiioooooooooooo, sali cabrón, ven pacá fiiyo de la gran puta que voy comete el aaaalmaaaaaaaa.- Naturalmente Ignacio, ante un futuro tan prometedor no aparecía ni vivo ni muerto.
Entretanto, Güelita, que debía leerle la mente a su sobrino, le decía a su madre.
- Pero madre, deje usted de decir esas cosas por el altavoz, que así no va a aparecer el guaje.- Entonces la abuela otra vez a llorar y a agarrar el micrófono.
- Iiiiiinaaaaaaciiiiooooooo, sali anda majo, que ya non te como el alma y non te rompo la crisma, sali anda, que to güela ta muy vieyina y voy morrir. Anda Inacio, que si sales voy date les rosquilles que sobraren y mañana voy ponete más azúcar en la tortilla y déjote echar unes gotes danís nel café con llechi.- Finalmente, apareció el bendito de Ignacio, que había ido a dar una vuelta en la bici de un amigo y había perdido la noción del tiempo. A la abuela se la tuvieron que quitar de encima, porque olvidó las promesas de las rosquillas y del azúcar y revivió con nuevos bríos las de comerle el alma. Cuando por fín volvían a casa, ahora ya sí por carretera, la abuela decidió parar en el chigre que había a mitad de camino, a gastarse las exiguas ganancias de las rosquillas en un carajillo pa entonase y jugar una partidina a la brisca.

1 comentario:

  1. Genial retrato real visceralista (que diría Bolaño) de tu bisabuela, con esos antecedentes es casi obligatorio tener imaginación y ejercerla, tu madre me habló de ella en alguna ocasión, pero nunca pensé que fuera tan brillante.
    Enhorabuena, seguro que Borrasca y tú hacéis una semblanza inolvidable de ella.
    No os olvidéis de La visión de la Jota, este nombre (que me contó tu madre) de su gata es una joya inapreciable, por ignorancia, por el resto del mundo, tu bisabuela y su gata tenían poderes y visión, tanto de la jota, como del mundo.

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