Güenas noches vutarder@s, hoy he tenido un día estupendo, como casi todos los lunes, ya sabéis que a mí el domingo nunca me ha parecido plácido, soy más de Serrat. Para no distinguirnos del resto de la península, tenemos unas temperaturas criminales y un viento atroz que me tiene encerrada dentro de casa por si una teja suicida decide aprovechar cuando paso yo por debajo, así que me he pasado casi todo el día haciendo labores que es una cosa que me encanta, le doy al ganchillo, a la costura, al punto, al punto de cruz al decoupage y a un montón de manualidades más. De todos modos he dicho casi todo el día, porque ha habido un momento en que el hijo de mi vecina me ha requerido para que pasara a su casa a mirarles el molinillo eléctrico, (mis pobres vecinos no saben de mi torpeza congénita y a falta de lo moruno, me llaman a mí por aquello de que entiendo bien las instrucciones, o eso piensan ellos). Mi vecina es una mujer que tendrá unos ochenta años, vive con su marido y con un hijo que tiene una minusvalía psíquica, pero que es muy majete, como os decía mi vecina con la edad que tiene, conoció a la Güelita de pequeña, a sus hermanas y a sus padres, y mientras yo toqueteaba el molinillo, haciendo como que sabía lo que hacía, me iba contando anécdotas de mi bisabuela María. Esta mujer, como todas las de mi familia, era un poco especial, yo la conocí ya muy mayor y en asilo, pero he oído tanto hablar de ella y en algunos rasgos me resulta tan familiar, que parece que hubiéramos compartido más tiempo juntas. De hecho, gracias a las leyes de Mendel y a algunos genes recesivos, me reconozco en muchos de sus rasgos. La abuela María, bebía anís, coñac y fumaba picadura, además hacía zapatillas de fieltro para ponerse dentro de las madreñas. Tenía un carácter tremendo y un sentido del humor proporcional. Era una adelantada a su época, vamos, o eso o era Moctezuma reencarnado y ya estaba descatalogada. Cuenta mi madre, que cuando ella era pequeña, venía a pasar las vacaciones con ella, la abuela por entonces, vivía en una casa bastante precaria, con el suelo de tierra prensada, una bombilla de veinticinco un colchón relleno de maíz y su cocina de leña. Yo entiendo que la usaba para calentarse, porque en las habilidades culinarias precedió a mi madre, creo que sólo sabía hacer tortillas de azúcar. Cuando iban a venir los nietos a pasar el verano, recogía todas las revistas que encontraba y recortaba los coches americanos, las lavadoras, los anuncios de marlboro, y las rubias en bikini y decoraba con ello las paredes de la casucha, con el resto de las revistas hacía cadenetas para adornar los techos. En las paredes, junto con los coches, las lavadoras y las rubias pegaba las colillas de los cigarros, y cuando se quedaba sin tabaco las deshacía y reciclaba el tabaco sobrante. Tenía un pelo larguísimo y blanco, o al menos debería haber sido blanco, porque mi madre jura que lo tenía amarillo de no lavárselo. Un día, su nieta, se ofreció a lavárselo con champú y rehacerle el moño.
- Non, que lavar la cabeza ye muy malu.
- No, abuela, lo que ye muy malu, ye tenela llena de pioyos y del polvo del carbón. Yo le lavo la cabeza, que hoy hace mucho sol, y se seca usted el pelo fuera, verá qué suave y que blanquín.
- ¿Y vas lavámelu con esi bote que güele tan ricu?.
- Si, abuela, y luego su cabeza olerá tan rico.
- Antós vendrán más pioyos al golor.
- No, abuela, a los pioyos no yos gusta esi olorín.
- Güeno, antós voy calentar el agua.- Finalmente, mi madre, consiguió lavarle el pelo aunque tuvo que cambiar el agua dos veces porque salía como chocolate. Después de que hubo terminado, la abuela salió al sol, y viendo una higuera de su vecina con los higos todavía verdes, se subió al árbol y se pegó un homenaje de higos verdes y calientes que se quedó tan ancha. A la mañana siguiente.....
- Cago hasta na puta que parió al putu bote esi, engañástime pa lavar el pelu y pasé toda la noche saliendo al güertu a vaciar.
- Abuela, eso no puede ser por el champú.
- Si ye, sí ye pol chimpún que ya te decía yo que lavar la cabeza non era güenu, y tú, que sí, güela, que luego le va a goler el pelu muy ricu...... ¡Pos sali al güertu a ver su güele ricu!.
- Abuela, lo de su barriga no es por lavar la cabeza, es que se puso usted morada de higos verdes al sol.
- ¿Qué tendrán que ver los figos?. Los figos comilos y supiérenme a gloria, que en no siendo míos saben mejor. Esa figar lleva ahí toa la vida y no me envenenó nunca.- Así se las gastaba la abuela. Los domingos, se colocaba a la puerta de la iglesia y esperaba a que el cura empezara a decir la misa, cogía una cazuela y el almirez y empezaba una tamborrada. Entonces el cura, salía colérico de la capilla y la increpaba.
- ¡María, es usted una hereje!. Haga el favor de dejar a estas almas cristianas oír la misa en paz, que ya tiene bastante con condenarse usted, como para además condenar a sus vecinos.
- Tú si que vas a condenate de cabeza pedigüeñu, que yes un fartón, tas tou el día comiendo.- Entonces se echaba un cuesco y decía.
- Porrompompón pa Venera y pa Ramón.- Otro de los talentos de esta mujer única era el de los disfraces. Mi madre tenía una amiga que vivía a dos kilómetros e iba a visitarla alguna tarde y a jugar a su casa, cuando volvía ya era entre dos luces, y a las afueras del pueblo, subida en un fresno la esperaba una figura envuelta en una sábana blanca, alumbrando con una calabaza vacía y una vela dentro.
- Soy la pantaaaaasmaaaaaa, la pantaaaaaasmaaaaaa, vengo de la sepoltura a comerte la asadura.- Decía la voz de la abuela estrangulada de la risa.
Los sábados iba al chigre (al mismo que va ahora lo moruno), a comprar provisiones.
- Dame una botella de anís, una de coñá, dos libras de chocolate y tabacu.Apúntalo al mi fiyu.
- María, que me ha dicho su hijo, que le despache todo lo que necesite, que él lo paga, pero que sean cosas de comer, arroz, fabes, eses coses, que luego me mira la lista y me riñe por verderle alcohol y tabacu.
- Pos dasme lo que te pedí y apuntes, un kilu fabes, dos chorizos, alguna morciella y güevos.
- No, María que luego me lo descubre y se enfada.- Entonces volvía la abuela echando pestes y decía.
- A ver ñeña, cogi un papel y un lápiz que vamos a escribir una carta al mio fíyu.
- Ya está abuela, ¿qué pongo?.
- Pones: Querido Fiyu, toy morriendo, toy muy maliquina, y non tengo una perrona, fai munchu fríu y non puedo prender la cocina porque non tengo pa comprar lleñe. Duelme munchu el estomabo y acuéstome sin cenar porque non tengo perres pa la llechi. Espero que te acuerdes de esta probe vieya que ya non te verá más. Tu madre.
- Pero abuela, ¿cómo voy a poner eso si es mentira?.
- ¿Porqué ye mentira?.
- Porque usted no se está muriendo, y la cocina la prende usted todos los días con la leña que les roba a los vecinos, y la leche se la dejan igual aunque no la pague....
- Pos non, pos non, toy morriendo y naide mira pa min, y non tengo una perra para comprar tabacu ni anís pa echar unes gotes al café que ye lo mejor pa el estomabo, y tu tíu non quier que en el chigre me den ni picadura, ni coñá ni chocolate ni nada, así que dicesy que toy morriendo y que venga ensiguida a traeme les perres.- Naturalmente, el pobre tío, acababa viniendo a ver a su madre y a tener con ella la de San Quintín, la abuela agachaba la cabeza y se hacía la contrita y la arrepentida, pero en cuanto salía por la puerta, se reía entre dientes y decía.
- Jódite, que tengo les perres, ahora, tira pel rau.
Pues esta señora, vutarder@s, es la abuela y la principal donante de genes de mi madre, comprenderéis ahora que siendo así, no podía por menos que poner comandos palestinos en el nacimiento. Yo por mi parte, le estoy muy agradecida por lo heredado, creo que, junto con otros antecesores, fundó una estirpe de mujeres únicas e irrepetibles.
La actual crísis, me obligó a emigrar y dejar de vivir en una ciudad de 5 millones de habitantes para empezar a vivir en un pueblo de 60, ubicado en la montaña asturiana..... Estas son las crónicas de mis aventuras y desventuras en la ruralidad.
BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....
Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.
Avutarda: Qué crónica más buena, tu bisabuela era digna descendiente de Pelayo en su valentía por mantener esa forma de vida, defendiendo por encima de todo su criterio vital y personal.
ResponderEliminarSeguro que tu madre pasaría unas vacaciones fuera de toda norma, en una anarquía enriquecedora y basada únicamente en la felicidad del momento, en las pequeñas cosas y en la comunión contínua con la naturaleza.
Enhorabuena por ese ancestro impagable, espero que sigas contándonos cosas de esa señora que hizo de sus deseos una forma de vida ausente de prejuicios y primitiva en su mejor sentido.