Los pastores son, los pastores son...., esto cantaba mi padre con un son indefinido, ligeramente familiar y totalmente desafinado, sólo cantaba estas dos frases, y sólo él debía saber cómo acababa, o cómo seguía. Mi padre era muy navideño, le encantaban los excesos, por lo que disfrutaba enormemente, comiendo y bebiendo, y f.... (bueno esto último no me consta fehacientemente, pero hay numerosos indicios que van más allá de la duda razonable). Pero de todas las fiestas navideñas, la suya por excelencia era esta, la de Reyes, yo creo que debía de ser genético, porque mi abuelo paterno, también gozaba lo suyo con esta fiesta. En mi casa nos dábamos los reyes la noche del cinco de enero, nos juntábamos para cenar , la cena consistía en un surtido de picoteos variados, que a pesar de lo informal del nombre, no desmerecían en nada los méritos culinarios de mi abuela, y la inventiva de mi tío, que ponía un mejunje a base de mantequilla y anchoas, que dio en llamar "mierda de pavo", pero que inexplicablemente se acababa. Mi madre, se abalanzaba sobre las croquetas, mi hermana y yo, sobre la tortilla de patata y el pollo al ajillo, y los demás sobre los mejillones a la marinera y demás cadáveres marinos que poblaban la mesa. Mi abuelo y mi padre han conseguían hacer de esta fiesta una institución familiar, bueno de esta y de alguna otra.....
En mi familia, teníamos la sana costumbre de practicar el turismo dominguero, además éramos unos profesionales, llevábamos una nevera portátil forrada de plástico con un dibujo vintage, que haría las delicias de cualquier coleccionista, y mi abuelo, no se separaba de la bota y de una bolsa de deportes adidas de un azul desvaído, por la que más de uno hoy en día pagaría un buen dinero, era casi una pieza arqueológica. Pues bien, como os decía, los domingos recorríamos las llanuras castellanas con unos filetes empanados, unos pimientos fritos y una tortilla de patata, de vez en cuando, se terciaba un cabrito en Jadraque, un corderito en Riaza, o un cochinillo en Pedraza, una barbacoa en Valdilechas, una paella con visita al alfarero en Camporreal, donde además nos surtíamos de queso y aceitunas.... Un domingo cualquiera, después de haber comido (y algunos bebido), paramos en un pueblo que se llama Hita, en el que iba a tener lugar una capea con vaquillas. Mi padre, al que le bastaba media bota de vino para pasar de ser "El chiqui" a "El cordobés", se puso el mundo por montera y anunció que esa tarde lo sacaban a hombros. La plaza de toros estaba formada por diversos remolques dispuestos en forma circular alrededor de una explanada, de modo que nos repartimos por los que estaban más cerca del ruedo, todos, excepto mi abuelo, que sabía mucho más por viejo que por diablo, y se situó en el remolque más alto y más alejado de la plaza, pero en una situación privilegiada para no perder ripio. Mi abuela, mi madre, mi hermana y yo, quedábamos en un remolque, y mis tíos en el vecino. Yo debía tener a la sazón seis o siete años, pero recuerdo mi asombro al ver salir a mi padre, con aquellas piernecitas tan blancas, las alpargatas azul marino, y los brazos levantados a media hasta, dando saltitos como un pingüino y diciendo.
- Eh!. Eh!. Eh!..- Los saltitos de momento tenían una trayectoria en línea recta, pero de pronto, empezó a hacer unos quiebros muy raros con la cadera a derecha e izquierda diciendo.
- Ooooooooolé. Chst, aquí está el chiqui. Ooooooooooleeeeeé, aaaaaquiiiiiiií vaaaaaaaaacaaaaaa.- Yo recuerdo que mi madre, no hacía más que pasarse la mano por la cara y musitaba.
- Qué vergüenza, madre mía, si se cree que es "El niño de camas", y se parece más bien a "El abuelo de canas".....- A mí me parecía muy gracioso mi padre de esta guisa, pero debía ser la única, a tenor de el semblante lívido de mi abuela y grana el de los demás. De pronto se abrió una puertecilla de madera al otro lado de la plaza y salió corriendo una vaquilla, que a pesar del diminutivo, a mí me pareció enorme. El animal no debía salir de su asombro al ver aquel hombre, como un frunce, dando saltitos, que no se sabía si tenía hipo o ensayaba una jota aragonesa, pero en cuanto se recobró de su estupor comenzó a correr en línea recta hacia aquel ferroviario con puntillo que se jaleaba solo. Lo siguiente que recuerdo fue ver a mi padre tendido en el suelo entre las cuatro patas de la bestia y dándole patadas en la barriga. El bicho cabeceaba intentando darle con la testuz, y mi padre se escurría cómo podía y seguía con la tunda de patadas. En aquel momento se oyó simultáneamente, el grito de horror de mi abuela y un chillido al otro lado del tendido, que procedía de mi abuelo y que decía.
- Joooooooseeeeee, tu hermaaaaaanooooooo, que lo han cogiiiidoooooo, tu hermaaaaaaanooooooo.- Mi tío que no se había visto en otra respondía.
- Papaaaaaaaaá, el chiqui, tu hiiiiiijoooooooo.- Pero los dos se señalaban mutuamente desde sus respectivos remolques sin decidirse a saltar. Los mozos del pueblo, que hasta el momento habían centrado el descojone popular en mi padre, empezaron a corear.
- Jooooooooseeeeeeee, tu hermaaaaaanooooooooooo, paaaaaapaaaaaaá, el chiiiiiiquiiiiiiiiii.Jajajajajajajaj.- Yo chillaba aterrorizada, no sé muy bien si por la apurada situación de mi padre, o por haber descubierto la valentía intrínseca del resto de mi familia. Aquel diálogo de Rue 13 del Percebe, debió durar cinco minutos lo menos, hasta que mi tío hizo acopio de valor y se lanzó al ruedo acompañado de dos o tres mozos del pueblo que consiguieron quitarle a mi padre el bicho de encima. Cuando lo sacaron (efectivamente a hombros, porque el hombre no se tenía), recompuso su dignidad y su ropa y dijo.
- Hombre, yo es que contaba con una vaquilla, no con un Morlaco de 600 kilos.
- ¿Pero qué morlaco ni qué niño difunto?. Si eso no tenía ni cuernos.- Decía mi madre entre el alivio y el cabreo monumental.- ¿Pero si has salido ahí que parecías una grulla, con esas patitas?. Y venga a decir Eh!, Chst! Que aquí está "El chiqui" y en cuanto se ha abierto la puerta y has visto la vaquilla te has tirado entre sus patas. ¿Esa técnica es nueva?.
- Es que he querido hacer una verónica y no me ha salido.
- No, es que no has llegado ni a vero, vamos esque ni a pepa has llegado, como mucho a toña, pero de las gordas.- En esto llegó mi abuelo resoplando, con la bolsa de adidas al hombro y diciendo.
- Hiiiijooooooo, ¿estás bien?. Qué pueblo más insolidario, vamos que verte ahí debatiéndote entre la vida y la muerte, y ni un sólo hombre que se vista por los pies para echarte un capote.
- Claro, papá, porque a tí te retenían ¿verdad?.- Apuntaba socarronamente mi tío.
- No, hijo, lo que ocurre, es que yo estaba en una posición privilegiada para mantener la perspectiva, y tú estabas mucho más cerca, vamos que tú hacías de brazo ejecutor y yo de cerebro de la operación.
- Claaaaaaaroooooooooo, menos mal que has conservado la sangre fría y no te has lanzado de cabeza, que si no, a ver quien retransmitía el estéreo.....
Finalmente, nos subimos de nuevo en los coches y emprendimos el viaje de vuelta a Madrid. Mis abuelos se repartieron en los dos coches, y en el nuestro tocó mi abuela, la dejamos ir alante porque se encontraba algo indispuesta del susto, pero a mitad de camino iba más blanca que un sayo y nos pidió que paráramos a tomar el aire. Mi padre colocó el 127 en el arcén y mi abuela se bajó y se sentó sobre una piedra, tomando aire por la boca, como un besugo, entonces "el chiqui", se dirigió al maletero, sacó una botella de agua fresca de la nevera vintage y se la vertió por encima sin más miramientos. Aquella pobre mujer, no se hallaba, entre el susto de ver a su hijo primero casi muerto, y luego casi vivo la dejó sin palabras hasta que la depositamos en su piso de Vallecas. Tras aquella excursión, restringimos durante una temporada, nuestro radio de acción a "La Pedriza"
La actual crísis, me obligó a emigrar y dejar de vivir en una ciudad de 5 millones de habitantes para empezar a vivir en un pueblo de 60, ubicado en la montaña asturiana..... Estas son las crónicas de mis aventuras y desventuras en la ruralidad.
BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....
Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.
Abutarda, alguien de tu familia, no sé si tu madre, me contó esta crónica impagable, que, por cierto, retrata en cierto modo el posicionamento ante la vida de cada uno de los tuyos, pero tu relato es genial,me he reído mucho.
ResponderEliminarSigue deleitándonos.