Güenes tardes vutarderos, estoy aprovechando un momento porque llevo todo el día liada haciendo un roscón de reyes, y es que el otro día, precipitaciones (el novio de mi hermana borrasca), hizo uno para merendar y lo cierto es que le salió sublime, yo le pregunté al respecto y me dijo el muy cretino, que era muy fácil, y hombre, no es que sea complicada la elaboración, pero es que tiene más horas de reposo que una parturienta, es un postre que no necesita una cocina, necesita un balneario, así que ahora la masa está doblando su tamaño por tercera o cuarta vez, ya no me acuerdo, tendré que mirar la receta, porque igual lo dejo doblar más de la cuenta y en vez de un roscón me sale un seat ibiza.... como viene siendo habitual en estos días de asueto, tengo mucho tiempo para pensar (entre amasado y amasado), y para recordar otras navidades de mi infancia. Son muchos los recuerdos gratos y muchos los ausentes que los protagonizaron, voy presentándolos poco a poco para dedicar a cada uno el tiempo que se merece, al igual que vosotros, que merecéis conocerlos en toda su dimensión, hoy le ha tocado el turno al Güelu, era el padre de mi madre y es en gran medida el responsable de que hayamos salido con este humor ácido y agudo que caracteriza a varios de los miembros de mi familia. EL Güelu se reía hasta de su sombra, y tuvo el amor y la elegancia de morirse haciendo reír hasta el último día de su vida, era un señor entrañable y muy culto, con un amor desmedido por los libros, los toros y Marruecos, le gustaban la sidra, las asturianadas y las bromas, odiaba el queso, el ajo, la cebolla y la simpleza, pero sin confundirla con la sencillez, virtud que apreciaba como el que más. Mi güelu marcó mis días de reyes con una anécdota de su infancia que estoy convencida que imprimió de algún modo su carácter. Tendría el más o menos cinco años, y había pedido a los reyes un caballo de cartón, sus padres, entre guiños de complicidad le aseguraron que como había sido un niño muy bueno, no tenían ninguna duda de que la mañana del 6 de enero encontraría su flamante regalo en la terraza. De modo que tras una noche de nervios, ilusión y planes para su cabalgadura, se levantó temprano y se dirigió a la terraza. Allí encontró un amasijo irreconocible montado sobre una plataforma de madera con ruedas..... era lo que quedaba de su caballo de cartón después de una noche de intensa lluvia. Recuerdo que cuando me contaba esto, a mí se me hacía un nudo en la garganta y pensaba, que por muchos regalos que hubiera recibido después a lo largo de su vida, aquella desilusión era lo más injusto que puede pasarle a un niño, sin posibilidad de resarcirse, porque nunca más volvió a tener cinco años...... o bueno, tal vez, se le quedaron pegados a la piel precisamente por eso, y tenía una capacidad única para ponerse en el lugar de cualquier niño. Mi güelu me dejó en herencia además una habilidad para el bricolaje y los trabajos manuales que combinaba con una portentosa imaginación, así de su cerebro y sus manos, he recibido los regalos de reyes más bonitos que puedan concebirse. Un año, me hizo un guiñol de madera, era más alto que yo, de color azulón con las molduras en blanco y unas cortinas de vichy blanco y rojo, otro año, un armario y una cuna para las muñecas, con los cajones forrados en papel pintado y las puertas en verde carruaje, un caballete para pintar, un columpio que colgó de un hórreo y que me entretuvo durante años, una bicicleta restaurada que era la envidia del concejo....... Cuando me quedé embarazada, me regaló un móvil de techo que era una cigüeña de madera que movía las alas y que traía un bebé de plástico en el pico. Recuerdo que cuando cogí el sarampión, estaba en su casa y me asusté mucho, así que ni corto ni perezoso, se pintó la cara de puntitos rojos con un rotulador, se metió en la cama conmigo y pasamos juntos por aquel trance. Era muy peculiar la relación que mantenía con la Güelita, a la que llamaba cariñosamente "Sauria", ella llevaba la voz cantante, y ejercía la autoridad con guante de hierro, pero él encontraba siempre un ingenioso escape para ayudarnos a nosotros, los nietos a burlar el peso de la ley. Cuando llamábamos por teléfono a su casa, invariablemente contestaba.
- Ave María Purísima.- Y cuando jugábamos a la brisca (a mi abuela le apasiona), hacía trampas contínuamente, la Güelita se enfadaba y le decía.
- Luiiiiiiiiiiiiis, non fagues trampes coño. Con esti hombre ye que non se puede xugar. Deja de robar cartes y de mirámeles.
- Si es que estás muy buena Susanita, por eso te las miro.
- Güeno, ya estamos, nada, esti hombre ye imposible.
- Ya me has cabreado Susanita, ya no te llevo a Estoril, al casino.- Simulaba que escupía, nos guiñaba un ojo y decía.- Sauria, puta.
Mi abuela tenía dos pasiones, jugar a la brisca y leer "El Caso", un periódico de sucesos, de lo más morboso, de vez en cuando el güelu se ofrecía a leerselo y se inventaba los sucesos.
- Mira Susi, aquí dice, que anteayer una mujer que descubrió que su marido la engañaba con la oveja de la vecina, robó la oveja y se tiraron las dos a la vía del tren.
- Ayyyyyyyyyyyy, fyyyyyyyyyyyyyu del alma, cómo quedaríin.
- Pues echas puré, las pasó por encima el Talgo que iba a Valladolid.
- ¿El Talgu?. ¿Per encima de les dos?.
- Sí, aquí dice que trató de esquivar a la oveja, pero que finalmente no pudo ser.
- ¿Y fizoyos munchu?.
- Pues hombre, los miembros salieron cada uno por su lado, ahora están tratando de averiguar a quien corresponde cada uno.....
- Claro, claro, porque quedaríin como farina pa tortu.
- Sí, a la mujer la podrán identificar con las pruebas de ADN de sus hijos, pero a la oveja, no se la conoce familia.
- Probiquina. ¿Y era jóven?.
- La mujer tenía 35 años.
- ¿Y la oveya?
- Pues dos más o menos.- Eran un espectáculo desde luego, un día a mi abuelo se le ocurrió la idea de poner en la cama de mi abuela una almohada de matrimonio vestida con el pijama de su mujer, en la parte superior, le puso una media de color carne, una peluca, las gafas de mi abuela, rellenó los brazos de pijama de bragas y simuló unas manos que sostenían un ejemplar del Caso, con unos guantes rellenos de medias, mi abuela pegó un grito, que a punto estuvo de provocar una subida de tensión eléctrica y bajó corriendo a llamar a sus hijos.
- Ayyyyyyyyyyy fyyyyyyyyyyyos del alma, que subí pa la cama y vime a mi misma.
- ¿Qué te viste a ti misma, pero en un espejo?.
- Non, en la cama, toy allí figurada.
- ¿Qué estás en la cama?. ¿Cómo que estás figurada?.
- Non, toy en el salón, col teléfonu, pero tamién estoy figurada en la cama.
- Mamá, estás muy rara, ¿dónde está papá?.
- En la cama, comigo.
- ¿Pero está en la cama o está contigo?.
- Les dos.
- Les dos qué?
- Les dos coses, en la cama y comigo.
- Osea que tú estás en la cama.
- ¿Non toy diciéndote que toy en los dos sitios, en la cama y en el salón col teléfonu?
- Mamá ¿cómo vas a estar en dos sitios a la vez?.
- Non lo sé, pero toy, por eso te llamo.
- Mamá, no te muevas mucho y no te alteres, sube la escalera despacito y dile a papá que se ponga.
- Non, que non quiero volver a veme.
Finalmente, el güelu bajaba muerto de risa, con el maniquí cogido de la cintura ante el estupor de mi abuela, y el pasmo del hijo de turno al que le costaba un rato entender lo ocurrido.
Cómo veis era único, otro día compró en los chinos (otra de sus grandes pasiones), un loro de peluche que venía en una jaula para colgar a la entrada de casa y que llevaba un pequeño grabador incorporado, durante una semana, cada vez que alguien se acercaba a la puerta, oía al loro de marras, aclararse la garganta y cantar.
- Tiene Susana, la cara de manzana, el culo redondo, las tetas cuadradas. Iiiiiiiiiiiiiijujuuuuuuuuuuu.
Seguro que tras leer estos pasajes de mi infancia, comprenderéis que de grabado le vino al loro y de casta le viene al galgo, (bueno , en mi caso más bien un San Bernardo).
La actual crísis, me obligó a emigrar y dejar de vivir en una ciudad de 5 millones de habitantes para empezar a vivir en un pueblo de 60, ubicado en la montaña asturiana..... Estas son las crónicas de mis aventuras y desventuras en la ruralidad.
BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....
Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.
Excelente y magnífico. Tu abuelo era todo eso que dices, pero además tenía una capacidad para sorprendernos propia de los genios, también tenía un radar especial para descubrir cosas anómalas, extrañas, bellas, que describía y compartía aún en silencio (cosa rara en él), sus ojos azules traspasaban para ver más allá de la mirada.
ResponderEliminarLo quise muchísimo.
No pares estas crónicas tan descriptivas, cada vez lo haces mejor.