Ayyyyyyyyyyyy, vutarderos del alma, como véis me voy mimetizando con el paisaje y con el paisanaje, a veces releyendo mis crónicas, (uno de mis escasísimos defectos es la vanidad), me apercibo de que a lo mejor no he sido del todo justa a la hora de describiros el sitio en el que vivo, lo cierto, es que no lo cambiaría por Madrid, aunque la esposa del mágnum y toda la heladería emigraran a Noruega. Es cierto que es un sitio peculiar, donde los haya, aunque supongo que yo a ellos debo de parecerles oligofrénica profunda por lo menos en cuanto a lo que a autonomía e independencia se refiere, porque a pesar de haberme criado aquí, hay muchísimos rudimentos de la vida rural, que me han tenido que enseñar por caridad cristiana, y para ser justa debo deciros, que si no fuera por algunos amigos y vecinos, no habría sobrevivido en esta jungla de cocinas de leña, carbón, calentadores que se obstruyen con cal, chimeneas que hay que deshollinar, huertos que vallar y plantar, instalaciones eléctricas que salen ardiendo y un sinfín de cosas más que acontecen en estas casas de piedra que tienen tanto su encanto como sus encantamientos...... Aquí todas las cosas son más auténticas, como menos de plástico que en la ciudad, por tanto, sus gentes tienen acentuados tanto las peculiaridades como las virtudes, he conocido gente mucho más buena y honesta en el poco tiempo que llevo viviendo aquí que en muchos de mis años urbanos y no quiero pecar de injusta haciendo aparecer este pueblo, que tan bien me ha acogido, como un sitio plagado de gentes anómalas, bares que parecen sacados de una novela del oeste, y lleno solamente de caciques.... Para ilustrar lo que digo, debo retrotraerme a mi llegada a estos paisajes. Al muy poco tiempo de comprar la casa, nos dimos cuenta de que una de las vigas del tejado estaba rota y a punto de invadir junto con medio tejado, lo que hoy es mi dormitorio, además era urgente cambiar una parte del suelo de la casa que a su vez hace las veces de techo de la cocina, arreglar la chapa de la cocina, el horno, poner piedra en algunas paredes, solar...etc. Para esto conté con la inestimable ayuda de un amigo de la infancia y de su mujer, que no sólo se encargaron de ponerme en contacto con uno de los mejores albañiles de la zona, sino que supervisaron la obra, mientras yo estaba en Madrid, me facilitaron materiales, muebles, grifos y no sé cuantas cosas más. Aún así, todavía quedaban muchas cosas por hacer, que debíamos arreglar nosotros, como levantar la moqueta, lijar parte del suelo, barnizarla, pintar la casa, por dentro y por fuera, mejorar la instalación eléctrica, poner puntos de luz, lo cierto es que me emociona recordar cómo cuando él volvía de trabajar tras una jornada extremadamente larga, pasaba por su casa a recoger la herramienta, y se venía a la mía para hacer todas aquellas cosas que yo no era capaz ni de comprender. Por otro lado, es increíble la cantidad de cosas y herramientas que son necesarias en una casa de pueblo y que los urbanitas ni sospechamos, rastrillos, hazadas, hacha, tajo para cortar la leña, pala, carretilla, cepillo de cerdas.... todo esto me lo prestaban mis amigos, y en algunos casos hasta me lo regalaban, hasta que yo he podido ir haciéndome poco a poco con mi propio arsenal. Durante un año, me han permitido, hacer llamadas desde su fijo, o mirar y gestionar mi e-mail desde su ordenador, además me han socorrido en todas aquellas averías domésticas con las que yo no estoy en absoluto familiarizada. No ha faltado quien me regale una docena de huevos de casa, berzas, lechugas, chorizos, algún conejo.... Bueno, que también abundan gentes muy buenas y generosas, con las que, en el ejercicio de una vecindad ejemplar, puedes contar siempre en caso de apuro, eso es algo muy grande para los que procediendo de ciudad sabemos, que allí, nadie conoce a nadie. Dicho esto, os pondré al corriente de alguna de mis dificultades al llegar aquí. Cómo os decía, mi amigo, venía cada noche con sus herramientas, a ponerme algún enchufe, o hacer taladros...etc, además de eso, supervisaba mi trabajo del día y me dejaba instrucciones sobre lo que tenía que hacer y comprar al día siguiente.
-Mañana vas a la ferretería y pides un matacarcoma.
- ¿Mata quéeeeee?
- Matacarcoma, la carcoma es un bichito que se dedica a comerse la madera, y estas casas tienen el suelo, el techo y las vigas, que parecen un restaurante de cinco tenedores para los bichitos.
- No estarás tratando de decirme que vivo rodeada por unos bichos, cuyo empeño es devorar, lo que sostiene mi casa ¿no?.
-Pues sí, de hecho, de vez en cuando conviene cambiar las vigas, los pontones y los suelos, por si acaso dejan de ser fiables.
- ¿Y cómo coño sé yo que son fiables?.
- Pisando, si ves que no se hunden hacia abajo, sabes que puedes seguir pisando.
- Cojonudo, así que si un día me precipito a la planta de abajo o me abre la cabeza una viga mientras duermo , sabré que ha llegado el momento de cambiarlo.
- Veo que las coges al vuelo.- Decía mientras se reía de mí abiertamente.- Bueno, no pongas esa cara muyer, que de momento ya te miré yo las tablas y parez que tovía aguanten.
Otro día, iba a poner unas regletas con los cables de la luz por dentro para que no quedaran expuestos, y me preguntaba.
- ¿Tendrás una máquina de ingletar?.
- No te ofendas, pero a mí esas guarrerías no me las pide más que lo moruno, y para lo suyo es bastante tradicional, vamos que de los condones de colorines no salimos.
- ¿Pero qué dices de guarrerías y condones?. Digo una máquina que sirve para cortar a inglete.
- Pues chico, con ese nombre, lo que me suena que se pueda parecer más es mi epilady, que las ingles me las deja al ras del bikini.
- Bueno, déjalo, que mañana ya traigo yo la mía.
- Ahh, ¿pero tú también usas epilady?.
- No, muyer, digo la máquina para cortar las regletas en ángulo de noventa grados. Pásame una llave allen.
- ¿La del coche o la de la casa Robert?
- ¿Cómo?. ¿Qué dices, y porqué me llamas Robert?.
- Digo que si te paso la llave del coche, la de casa o la de la cuadra, y te llamo Robert, porque como tú a mí me llamas Allen, pues pensé que querías familiarizarte con el inglés.
-Allen es el nombre de la llave.
- Ahh, ¿tú también les pones nombre a los objetos?. Mi coche se llama Belinda.
- A ver, amiga del alma, allen es un tipo de llave, igual que a la tortilla la llamáis francesa, y se usa para atornillar.
- Ups, bueno, pues si me dices cual es, te la paso.
- No, mejor la cojo yo, antes de que me digas cómo llamas a tu batidora.- Así con todo, el pobre tiene una paciencia infinita, digo yo, que como me conoce desde que nací, pues el hombre ya ha tenido tiempo de asumir mis limitaciones. Otro día nos iba a ayudar a vallar el huerto y me había dado instrucciones precisas (croquis incluído), de lo que tenía que comprar. Pero se ve que no debí explicarme bien, porque desde la misma tienda le tuve que llamar.
- Oooyeee, que estoy comprando lo del huerto, y el dependiente dice que no sabe lo que le estoy pidiendo.
- ¿Y qué le estás pidiendo?.
- Lo primero paciencia, y luego le he dicho que necesito ocho postes de acero galvanizado, hasta aquí todo bien, pero cuando le he pedido los de refuerzo y esquina con dos patuques que se abren me ha mirado con una cara muy rara.
- ¡Pero cómo le has dicho que tienen patuques que se abren!, eso te lo decía yo a tí para explicarte cómo son, dile que son postes que llevan tensores.
- No te oigo bien, no tengo mucha cobertura, pero lo de los ascensores, no sé si lo he entendido.
- Teeeeeeeensooooooooreeeeeees.
- Ah, perdón, tensores, ¿tengo que pedir algo más?.
- Sí, un paquete de bridas.
- ¿De bridas para qué, si ni tengo caballos ni pienso tenerlos?.
- Caballos no sé, pero que un burro te dió alguna vez una coz en la cabeza...... Mira dile a ese hombre que se ponga.
- Oiga, que dice mi vecino que se ponga, que no sé qué le quiere explicar de un burro y los peligros de las coces.- Entonces, el dependiente, mira a su alrededor a ver si encuentra un superior al que pasarle el marrón pero se ve sólo ante el peligro y con cara de resignación me coge el móvil.
- Ahhhhhh! haber empezado por ahí, hummmm, comprendo, claro, claro, si la prubiquina traía un plano, pero no acertaba a decirme lo que quería, sí, sí comprendo, ¿Cuántos metros?. De acuerdo. Si, sí, si ya sabemos que estos de ciudad piensan que los pollos crecen en los árboles. Sí, que no me enrede en explicaciones con ella, sí, que no tiene remedio, entiendo. Muy bien, pues así se lo mando.- Cuando el dependiente cuelga, me mira, con cara de conmiseración y me dice.
- Señora, sígame.- Entonces hacemos un recorrido por la zona de jardinería y me va llenando el carrito de chismes variopintos, y colocándose el índice sobre los labios cada vez que trato de preguntar algo, finalmente me acompaña hasta la caja y se despide diciendo.
- Encantado de atenderla, señora, cualquier duda, estaremos encantados de resolvérsela, pero no olvide traer su móvil.
Finalmente tengo el huerto vallado y hasta sembrado, que ya os contaré otro día las vicisitudes de sembrar cuatro pimientos y media docena de lechugas, el caso es que mi amigo, ha renunciado a explicarme nada, y la última vez que se me estropeó el calentador decía.
- ¿Pero cómo se te ocurre que te explique cómo se hace?. Si en medio de la explicación vas a empezar a llamarme obseso, o a preguntar tontaes, no, mira, quiero más pagarte un crucero por el Caribe que enseñarte a desmontar el calentador, déjalo que en cuanto tenga un momento ya me acerco yo a mirártelo. ¡No pongas esa cara, que me refiero al calentador!
La actual crísis, me obligó a emigrar y dejar de vivir en una ciudad de 5 millones de habitantes para empezar a vivir en un pueblo de 60, ubicado en la montaña asturiana..... Estas son las crónicas de mis aventuras y desventuras en la ruralidad.
BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....
Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.
madre mía! te vas a hacer un master en ruralidad que ni Don erre que erre!!!
ResponderEliminarTe voy a ayudar:
la radial: es una sierra eléctrica de disco, no la carretera que circunvala Penduelles.
Destornillador de estrella: es el que tiene una crucecita en la punta, no el de nuestra miga.
Llave de carraca: ésta no la domino bien, pero tiene un nombre muy folklórico...compralá, por si las moscas...
...hecho lo que podío...
Besus!