Definitivamente, razón tenía mi vecina cuando me decía que no iba a ser tan fácil trasladarme de la gran urbe a este bucólico paisaje, y yo como una cotorra, que si no digas bobadas, que si aquí no llega el estréss, que si con esti paisajín tan verde….. Bueno, verdaderamente debía sonar como el pastor gay del nacimiento……
Y es que eso de que aquí no llega el estress, es un pelín relativo, me vengo dando cuenta de que con los humos, los pitidos y ruidos del tráfico, las prisas locas y demás también he dejado atrás mi pluralidad y mi anonimato. Los primeros meses aquí no hacía más que dar gracias al altísimo por concederme tan inmensa dicha, y ahora no hago más que ver “cracias” y bajísimos que me hacen salir “la bicha”.
La primera, llegó después de mi último viaje a Madrid, cuando a la vuelta yo trataba de reintegrarme a mi ruralidad (que en ocasiones pasa por decir “cualo”), me vi atacada por un reincidente e insoportable dolor de muelas que me tenía tomando antibióticos durante un mes y que me había obligado a ir a urgencias en una ocasión, en la que me dijeron que hasta que la infección no remitiera, no debía ir al dentista a sacármela puesto que con infección no se podía abrir. Tras dos noches insoportables de dolor por fin conseguí una cita con mi médico de cabecera al que aún no tenía el “placer” de conocer….. En la sala de espera, se respiraba un olor a paisano en conserva, que no tenía nada que envidiar al de el metro en hora punta, procedente de las emanaciones corporales de varios lugareños que entre todos sumaban el milenio fijo…. Después de probar en varias butacas a ver en cual el aire era menos irrespirable, por fin se abrió la puerta y se oyó mi nombre con una voz perentoria. Al entrar en la consulta, el doctor me atravesó con la mirada y sin ni siquiera sentarse me ladró.
- Buenos días, ¿Qué le ocurre?.- Cuando se lo conté se limitó a hacer una mueca y me inquirió. - ¿Y qué hace aquí?.- Pensando que el señor tenía un curioso sentido del humor estuve a punto de contestarle que venía por una inseminación artificial, pero aquel gesto suyo que recordaba tanto al de Ángel Matanzo hablando de inmigración, me hizo recapacitar y balbucir tímidamente, que quería un volante para el dentista. Entonces su expresión se transformó en un compendio perfecto entre Norman Bates en la ducha y Esperanza Aguirre teniendo un sueño erótico con Gallardón y barritó – Señora, aquí no hace falta volante para ir al dentista, basta con que pida una cita en su ambulatorio directamente, pero dadas las circunstancias (a estas alturas ya estaba convencido de que la infección había introducido una coma entre las dos cifras de mi cociente intelectual) se la voy a solicitar yo.- Tras cinco minutos al teléfono me informó con sádica satisfacción que me hizo pensar en su probable parentesco con Menguele, de que el dentista me atendería tras 48 horas. Muy a mi pesar gemí que no iba a ser capaz de aguantar dos días con esos dolores y le supliqué que me recetara un antibiótico y un antiinflamatorio más fuerte…..
¡Para qué queremos más! A estas alturas ya siseaba cuando me preguntaba – Usssssted procede de Madrid, verdad?. – Sí señor, como el Talgo, dije yo muy aturdida y algo acojonada, la verdad. – Puesssssss allí no ssssssé cómo funcionará pero aquí no tenemossssss cossssstumbre de que el paciente le diga al médico lo que tiene que hacer. Yo esssssstoy acosssssstumbrado a gozar de la confianza de misssss pacientessssss. Bájesssssse lossssss pantalonesssssss.-
Ups, en ese momento terminé de convencerme de que aquel individuo había salido indemne de Nurembreg gracias a “vaya usted a saber” qué artimaña, y que vivía de incógnito en Asturias. No obstante y comprendiendo que la delegación del Imserso que esperaba fuera no me iban a ser de mucha ayuda, decidí cooperar al menos hasta que le viera ponerse guantes de látex o algo….. Entonces se armó de una jeringuilla desechable y tras dos verónicas impecables, me colocó una banderilla que me convenció de que no iba a poder sentarme en la próxima semana. Hecho lo cual anunció- Bien, le he administrado un antiinflamatorio por vía intramuscular ( tentada estuve de corregirle y decirle que más bien había sido intraósea, pero se impuso la prudencia y el instinto de supervivencia) que le aliviará el dolor durante las próximas horas. De hecho, ya debería dolerle menos.- La muela sí, repuse, ¿Me puedo ir ya?.
Ni siquiera me contestó, se limitó a abrirme la puerta de la consulta y a indicarme con un gesto que pasara por ella.
He realizado todas las gestiones para cambiarme de médico, pero el coordinador del ambulatorio al que pertenezco me informó de que cómo este pueblo no tiene asignado más que un titular, en las urgencias me va a tener que atender él sí o sí. Quiero hacer pública mi situación por si algún día tras un proceso catarral desaparezco súbitamente, me atrevería a sugerir que bajo la consulta tiene un cuarto aparentemente de duchas por las que seguramente sale gas.
Abutarda, enhorabuena por esa iniciativa de colgar tus crónicas rurales en este blog. Desde ahora tienes a una incondicional seguidora que te anima a que continúes haciéndonos disfrutar de estas crónicas tan "hiperrealistas".
ResponderEliminarTu seguidora número uno (un honor)
Nines