Bueno, pues como habéis podido comprobar estamos en plena campaña pre-navideña, yo en estas fechas, me pongo un pelín nostálgica, porque a lo largo de los años los platos en la mesa han ido despareciendo junto con los comensales, y a pesar de que mis ausentes conforman mi pasado y mi presente haciendo de mí lo que soy, les echo mucho de menos. En navidad concretamente, recuerdo muchísimo a mi abuela. Mi abuela se marchó hace cuatro años y nos dejó huérfanos de cordero. Era una mujer nacida Euskadi que se vino a Madrid unos años antes de la guerra. Sin lugar a dudas era la mejor abuela del mundo, y por su puesto la mejor cocinera, compartía con Arguiñano y con Arzak ese ancestral saber comer que dan las vascongadas, pero les superaba a ambos en algo.... Nadie, es capaz de ponerle tanto amor a la cocina, bueno y al resto de cosas que hacía (lo que ocurre es que lo otro no nos lo comíamos). Pues bien, mi abuela lo hacía casi todo bien, excepto una cosa. Oír. Ella tendía a sorda yo creo que desde la infancia, pero, se negaba a reconocerlo, era increíble, si no la gritabas por teléfono, te arriesgabas a cualquier cosa. Pongo por ejemplo. Un día, hará como unos veinte años (aún vivíamos mi hermana y yo con mis padres), mi hermana, dechado de virtudes y habilidades donde las haya.... decidió depilarse, para lo cual, puso una cazuelita con cera al fuego, debió distraerse con lo último de Eros Ramazzotti, porque a la media hora, la cera ardía incombustible y nos dejó la cocina negra como el sobaco de Baltasar. Intentamos limpiarlo pero.... A eso de las nueve, llama mi abuela.
- Hoooolaaaaa, ¿Qué hacéis?.
- Pues nada, estábamos aquí cenando.
- ¿Con qué Fernando?.
- Con el católico.... QUE DIGO QUE ESTAMOS CENANDO.
- Ahhhh!, Muy bien pocholas, y ¿Qué cenais?.
- Pues unas latas de almejas y pan tostado, porque mi hermana ha incendiado la cocina......
- Claro, como habéis comprado un sofá nuevo......
- Ah, pero es que si el sofá fuera viejo, habría prendido fuego al salón?. ¿Pero esto que son, los últimos días de Pompeya?.
- No sé qué dices de Nerón, y la epopeya, pero digo que como habéis comprado un sofá nuevo, por eso cenais en la cocina con bandejas.
- A VER ABUELAAAAAA, MI HERMANA HA INCENDIADO LA COCINA, Y POR ESO CENAMOS ALMEJAS.
Era mejor comunicarse con ella en persona. Pero la debía sentar mal eso de ser la única que preguntara ¿qué dices?, porque para compensar, de vez en cuando le daba por farfullar para el cuello de su camisa, la encantaba vernos estirar el cuello y preguntar con cara de asombro ¿Qué has dicho abuela?.
En fín ya os digo que era única. Desde que nació mi hija, yo tomé por costumbre veranear con ella y con su hermana soltera, (otro día os la presento),que desde que murió mi abuelo vivía con ella. Puede parecer extraño que me gustara pasar los veranos en compañía de dos octogenarias, pero lo cierto es que no he vuelto a tener nunca unas vacaciones mejores. Discutíamos, nos reíamos, hacíamos maratones de cocina, y sobre todo nos queríamos muchísimo. Mi abuela encajaba los despistes propios de la edad con una frescura que rayaba en lo insolente. Todas las noches, después de cenar, a mí me gustaba salir a tomar un café con alguna amiga, y cada día antes de irme, me preguntaba.
- ¿Llevas la llave?. Ya sabes que si no, yo no te oigo, tú sabrás si quieres pasar la noche al relente.
- Sí abuela, llevo la llave, el bolso y una braga limpia por si tengo que ir a urgencias......
Pues bien, todas las noches, invariablemente, las dos palomitas se acostaban, poniendo una barra de hierro de medio palmo de grosor y un metro de ancho atrancando la puerta.
-¿Para qué hostias queréis que me lleve la llave?- Gritaba yo como Pedro Picapiedra aporrendo su ventana, hasta que alguno de los perros, normalmente Mambrú, tenía la amabilidad de despertarlas. Desde luego ese perro como sereno no habría tenido precio.
Se levantaba con su camisoncito de franela, su redecilla y los ojillos pegados y todavía tenía la osadía de decirme.
- Hija, has heredado el carácter de tu padre. Que es el mejor hijo del mundo, pero que tiene un genio.....
Teníamos una olla express que eran dos cazuelas, una grande y otra pequeña, con una sóla tapadera. Pues bien, un día la cazuela grande desapareció sin dejar rastro, así que después de atarle los huevos a San Cucufato, sin resultado nos disponíamos a hacer un cocido para "El rey". No es que alternáramos mucho con la monarquía, ya os he dicho que procedo de tradición republicana, pero mi abuela había dos cosas que no entendía: que sus hijos, no eran reyes, y que estaban inmersos en la cuarentena.... de modo que "EL Rey" era mi padre.
Como el cocido no cabía en la cazuela de una sóla vez, le dije.
- No te preocupes, hacemos primero la carne y cuando esté tierna, la sacamos y ponemos los garbanzos.
La dejé en la cocina, con la carne cociendo y el encargo de que me avisara cuando hubiera que destapar la olla, porque ella no se aclaraba bien con cualquier cacharro que tuviera menos de medio siglo.
Cuando la carne estuvo echa, la saqué, la puse en un plato y lo coloqué sobre la nevera, entonces pusimos los garbanzos y volvimos a cerrar la olla.
A la media hora, me encontraba haciendo los deberes con mi hija cuando irrumpe mi abuela en el jardín y me suelta.
- Ya he aprendido a abrir el cacharro ese, ahora.... vaya carne más mala que te han dado.
- Mala ¿Porqué?.
- Se ha quedado así.- Y me enseñaba la mitad de su dedo índice, como en el cuento de Hánsel y Grétel.
- Pero ¿cómo se va a quedar así si era más de medio kilo de morcillo?
-Como te lo cuento, a veces pasa, la carne mengua.
- Abuela es que no hablamos de que haya menguado, es que se ha volatilizado.....
- Ea, pues así es, ha quedado una miaja.
Detras de ella, apareció mi tía Pili con el mismo cuento.
- Uhhhhhhhh! ¡Qué carne más mala!.
- Otra igual, pero .... Si la he comprado donde siempre, ¿cómo va a encoger tanto?
- No sé, tendría el agua muy caliente, a los jerseys les pasa....
- Pero ¿qué dices de agua caliente?. Claro que estaría caliente, se llama cocido, ¿recuerdas?.
- Pues no me digas más, eso es que ha encogido, como mi combinación de algodón.
En este punto lo que encogía a pasos agigantados era mi paciencia, me encaminé a la cocina como un general de división y resoplando. Entonces encuentro a mi abuela, removiendo el cocido, con media cabeza dentro de la olla y murmurando.
- Es que ni hebra, ha dejado, lo que se dice, ni hebra.
- ¿Qué hebra buscas ahora?.
- La de la carne, porque digo yo que aunque haya encogido, algo ha tenido que soltar en el caldo....
En ese momento lo entendí todo, no se acordaban de que la carne ya estaba fuera de la olla así que maliciosamente pregunté.
- ¿Y el pollo y el jamón, también eran malos?. Porque tampoco están....
- Bueno, si el agua estaba tan caliente como para menguar medio kilo de morcillo, figúrate con un cuarto de pollo y una punta sin hueso, que son mucho más tiernas.- Insistía mi tía.
Cuando alcancé el plato de encima de la nevera, y se lo mostré, se reía entre dientes y decía
- Ya llegarás tú, ya, cuando inventen cazuelas que te parezcan naves espaciales.
Esa era mi abuela, que me ha dejado, todo el amor, y las recetas mejores del mundo, ahora, que si viviera y supiera las cosas que me pasan con la computadora (como ella decía), o con el coche, me iba a poner de tonta hasta la pared de enfrente.
La actual crísis, me obligó a emigrar y dejar de vivir en una ciudad de 5 millones de habitantes para empezar a vivir en un pueblo de 60, ubicado en la montaña asturiana..... Estas son las crónicas de mis aventuras y desventuras en la ruralidad.
BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....
Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.
¡Qué grande la Bis! Muchas abuelas querrían una relación tan bonita como la vuestra (y muchas nietas). Esperándo quedo nos presentes a la tia. Besines
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