BIENVENIDOS ABUTARDEROS Y ABUMAÑANEROS.....

Quiero saludaros y agradeceros a todos los que me leeis, no sabeis cuánto me anima ver vuestras entradas. Me encantaría que publicárais algún comentario con vuestras opiniones y sugerencias. Me ayudaría mucho saber qué pensais acerca de los temas sobre los que escribo o si tenéis curiosidad acerca de mi visión de algún tema en concreto.... Bueno, que estaré encantada de recibir cualquier aportación aunque sea en forma de crítica. Un besu.



martes, 28 de diciembre de 2010

DESPROPÓSITOS PARA EL AÑO NUEVO

Güenas noches butarderos, como veis, he salido indemne del 28 de diciembre, claro que seguramente tenga algo que ver el hecho de que Belinda esté ingresada en el taller para hacerse un lifting de puerta... que si no, de una inocentada tipo, quedarme tirada en cualquier sitio en el que no haya cobertura, no me libra ni San Pedro, por muchas cápsulas de café que lleve encima.....
Hoy hacía repaso de este año 2010, y la verdad es que tenía razón una amiga mía, que auguraba que iba a ser un buen año, para mí al menos lo ha sido a pesar de el exilio, porque al menos conservo mi casa y mi sustento, cosa que no pueden decir muchos otros pobrecillos a los que la crisis se ha ido fagocitando. Vamos, que a pesar de Belinda, la ruralidad, y mi peculiar familia, despido el año agradecida y al año entrante le pido, que me deje como estoy, y favorezca a ser posible a todos aquellos que se lo merezcan. Entre las muchas gilipolleces que hacemos los humanos por estas fechas ( consumir más de lo que podemos pagar, inyectarnos colesterol en vena en cantidades industriales y tratar de emular a los Ingells de "La casa de la pradera"), se encuentra la de hacer propósitos para el año nuevo, y yo, además de los de costumbre, esto es, dejar de fumar, adelgazar, ser más tolerante y cosas tan bucólicas como improbables, este año me he hecho el firme propósito de grabar a mi abuela todas las veces que pueda, y es que me doy cuenta, de que mi abuela materna, debería ser declarada patrimonio de la humanidad, no sé muy bien en qué categoría, porque cómo monumento, la verdad es que no la veo, pero es tan sumamente peculiar que......
Mi abuela es una señora de 91 años con una cara de 60, es un producto totalmente autóctono de esta tierra, que permanece incorruptible en su genuidad y persevera en su afán de supervivencia diario de una forma tan amoral como divertida.
Se compra la ropa en Zara o en la sección jóven de El Corte inglés, por lo que su aspecto no concuerda en absoluto con el de sus coetáneas. Nada de toquillas grises, jerséis negros y gorritos malva.... no , ella le da a la sudadera coloraína, al pantalón vaquero y a las sandalias, yo creo que no se tatúa porque no encontró un dibuju que la guste. Mi abuela se echa crema en la cara y se cuenta las arrugas, y para celebrar su nonagésimo cumpleaños se cortó el pelo en Llongueras. Todo esto está respaldado por una personalidad escatológica en algunos casos e irreverente siempre. La penitencia de mi abuela, es su páxaru, que según ella no le sirvió más que para echar los fíyos y darle mala vida. El páxaru de mi abuela es como la mascota de nuestra familia, puesto que nos tiene al corriente de todos sus pormenores y de los de sus aledaños (cistitis, candidiasis, sequedad, hemorroides.... tiene un surtido que ni "La Estepeña"). Es tremendamente aprensiva en cuanto a las enfermedades, por lo que conoce a todos los médicos de su ambulatorio y hospitales próximos, además con esto de la medicina, ella es autodidacta, lo mismo se pone una pomada antifúngica que una cataplasma de pimentón con vinagre de módena, según le inspire más confianza, el facultativo, o la vecina. Pero lo mejor de esta irreverente anciana, es la forma en que vive las cosas, es absolutamente única para interpretar la vida misma......
Hace dos años, me vine desde Madrid a recogerla para devolverla a su piso de El barrio del Pilar, era el puente de Octubre, y tenía previsto pasar aquí cuatro días y después llevármela conmigo, de modo que llegamos un jueves a medio día y nos dirigimos a su casa donde estábamos invitados a comer. Cuando bajé del coche, me la encontré doblada en un ángulo de noventa grados, con los brazos colgando a modo orangután, y se acercó a mí en una imitación perfecta de Pozí. Yo, como ya la conozco, no me atrevía a decir nada, no fuera a ser que se pusiera hipocondríaca, pero cuando nos siguió a la cocina de esta guisa no pude más.
- Güelita, ¿Qué te pasa?.¿Porqué caminas doblada?.
- Ayyyyyyyyyy fiyyyyyya,lalma. Resulta que el otru día fuí a dar un paseín hasta les ardes, y de ida tou era muy guapu, era cuesta arriba, facía sol y diba yo pisando caracolinos que facen un roíu muy guapu, así como cris cras, cris cras.... Pero al bajar, maja, fuéseme la cabeza per delante de les tetes, y yo echéme alante a correr para cogerme la cabeza, y nada, ella cada vez más deprisa per delante de les pates..... Cuando llegué aquí, estaba así.
Mi marido, mi hija y yo, nos mirábamos de hito en hito, porque coincidiréis conmigo en que un fenómeno de estas características no se oye todos los días. Pero como ya la conocemos todos sabemos que es mejor que no abunde en explicaciones, porque son todas de esta guisa. Durante la comida, pareció recuperar la normalidad a pesar de la postura, pero a la hora del café.....
- Ayyyyyyyyyyy, fiiiiya,lalmaaaaaa, non sabes lo que me pasó el otru día..... resulta que fui a dar un paseín hasta les ardes......- Otra vez se lanzó a repetir la odisea, mientras se echaba las gotas de licor de guindas en el café, que no las perdona. Cuando me vine a mi casa, estaba de lo más intranquila, pero no me atrevía a decirle nada para no preocuparla. Lo moruno comentaba.
-Oye, ¿no se le habrá ido la mano con les gotes?.
- No creo, porque les toma después de comer y cuando hemos llegado ya estaba así.....
- Vete tú a saber, lo mismo como está sóla la da por tomar "café" más a menudo...
Los tres días restantes transcurrieron más o menos del mismo modo, y yo rezaba para que pasara el tiempo y llegáramos a Madrid de una santa vez para llevarla a su médico. Cuando por fin llegó el día de la vuelta, se subió al coche, encantada de la vida, porque una de las curiosidades de mi abuela, es que ya puede estar agonizando, que como le abras la puerta del coche se sube y va más sana que una pera hasta la Coruña si es preciso. Todo parecía ir normal, ella charlaba de cosas intrascendentes, pero me alarmó súbitamente cuando empezó a decir.
- Yo gustábame encontrar un noviu con coche. Ayyyy, haríame muy feliz, que tuviera un descapotable roju, y me llevara de paseo. Yo ya, pa facer nada en la cama no estoy, porque esti páxaru míu non da más de sí, pero en que no fuera más que cogemos de la manina, y llegar al pueblu yo con un pañuelu en la cabeza y unes gafes de sol, y él con la melena al viento, como tu padre cuando era hyppie....
- Ah, pero es que además lo quieres con melena?. Claro y querrás también que los dientes sean propios....
En este punto, dejó caer la cabeza sobre el pecho y se sumió en un profundo sueño. Yo miraba de reojo, y agradecía no ser yo la que condujese, porque no sé si no nos hubiéramos estampado contra un árbol ante la mera mención del abuelastro melenudo y con descapotable.... Al cabo de dos horas más o menos, se irguió de repente y como si no se hubiera dormido continuó
-Qué envidia iba a dayos a les vecines cuando me vieran llegar en el coche roju, y tou llenu de maletes en el asiento de atrás.
Tras conminar a lo moruno a que se diera prisa, puesto que me parecía que aquello alcanzaba matices de urgencia, traté de desviar la conversación por otros derroteros, pero no hubo manera, desde Segovia hasta Madrid, erre que erre con lo del descapotable roju y la melena al viento.
No bien la hube dejado en su casa, llamé a mi madre para decirle como estaban las cosas y que me parecía urgente que la llevaran al médico cuanto antes.
La siguiente vez que la ví, ya sabía lo que había ocurrido, ella le había pedido al médico unas pastillas para la hipertensión y el farmacéutico, por error le había dado un relajante muscular potentísimo con efectos sedantes. Yo me presenté en su casa acompañada de una amiga, pensando que todo había vuelto a la normalidad, y en efecto así parecía ser, hasta que mi abuela dijo.
-Ayyyyyyyyyyyyyyyy fiiiiiiya,lalmaaaaaaa qué maliquina estuvi. ¿Non sabes que el médico confundióse con les pastilles y mándome unes que eren pa relajase?.
- Sí güelita, claro que lo sé, fuí yo la que te trajo a Madrid ¿recuerdas?.
- Ay, ye verdá
- Pero bueno, y tú no te dabas cuenta de nada?.
- Yo lo único que notaba era que la cabeza díbaseme per delante de les pates, pero en non siendo eso, yo encontrábame a gustu, pero cuando leí el prospeto supe que algo iba mal.
- Claro , porque no ponía nada de la tensión no?
- No, porque ponía que con aquelles pastilles non podía conducir.
Han pasado dos años desde aquello y mi amiga todavía se tira al suelo de risa, cada vez que hablamos de mi abuela, que por supuesto ni tienen carnet ni lo ha tenido nunca, y yo, todavía sigo pensando, que ciertos anhelos suyos, no son fruto de las pastillas.

2 comentarios:

  1. Un día más disfruté mucho con tu relato.
    me encantan las historias de las mujeres de tu familia.Ole la genética asturiana!
    Un beso, guapa!

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  2. Pobre güelita, ella de viaje y sin poder conducir! ¿Siendo una cosa mia o cada día tus relatos siendo más largos? Me encantan, el día que no pudiendo desayunar con ellos ya no siendo un buen día. Besus

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